Rulo
Poeta veterano en el portal.
Antes del suicidio.
Caí en los confines depresivos.
Caí en mil peñascos
de chaflanes desgastados
dependiente y unánime
del apoyo de un arpa
aquella que el viento tocaba
y desmerecía de manos mansas.
Caí en los suelos más esquivos.
Caí en algodones de piedra,
entre jardines de Junio
disfrazados de invierno,
entre lloros de olor jazmín
que sólo yo olía
mientras lagos
de color carmesí
se desbordaban
como herejía
y la hemoglobina prófuga
de mis venas
pensaba en aquel día.
Caí en las palabras muertas
de mis odiseas,
en los papeles marginales
de mis letras,
en la sacristía que me llamaba
toda la semana,
en una mitad de parejas
que se amaban
y yo en la desnudez
de mi cama
y sin palabras.
Caí otra vez.
Caí en sábanas de esparto
y termino en juicio
con la vieja Roma
para salvarme
de mi espanto,
cayéndome entre felinos
o juzgándome
como un santo.
Caí en los confines depresivos.
Caí en mil peñascos
de chaflanes desgastados
dependiente y unánime
del apoyo de un arpa
aquella que el viento tocaba
y desmerecía de manos mansas.
Caí en los suelos más esquivos.
Caí en algodones de piedra,
entre jardines de Junio
disfrazados de invierno,
entre lloros de olor jazmín
que sólo yo olía
mientras lagos
de color carmesí
se desbordaban
como herejía
y la hemoglobina prófuga
de mis venas
pensaba en aquel día.
Caí en las palabras muertas
de mis odiseas,
en los papeles marginales
de mis letras,
en la sacristía que me llamaba
toda la semana,
en una mitad de parejas
que se amaban
y yo en la desnudez
de mi cama
y sin palabras.
Caí otra vez.
Caí en sábanas de esparto
y termino en juicio
con la vieja Roma
para salvarme
de mi espanto,
cayéndome entre felinos
o juzgándome
como un santo.
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