Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con la negra cabellera
tocada por una orquídea,
estaba urdiendo colores,
a veces yerros fortuitos
entrelazaban amores
con alguna que otra seda;
entonces toda la trama
destejía reiniciando
la inacabable tarea.
Transcurrido un breve lapso
empezó a tejer embustes,
en el tiempo del sudario,
con un ovillo de nubes;
(engaños tan fascinantes
que quienes los contemplaron
permanecieron absortos
por los impares pespuntes)
impregnando todo el ámbito
con aroma de ataúdes...
Pero como ese trenzar
le hacía desfallecer,
dejó olvidado el telar
en la orilla del presagio
o en la ribera del mar,
para percibir los ecos
del augurio y el azar;
los notables elementos
con los que entretejería
ese rimbombante lienzo
que la inmortalizaría
en el venidero tiempo.
Copyright © Derechos reservados ®
Lunes 27 Febrero del 2012
tocada por una orquídea,
estaba urdiendo colores,
a veces yerros fortuitos
entrelazaban amores
con alguna que otra seda;
entonces toda la trama
destejía reiniciando
la inacabable tarea.
Transcurrido un breve lapso
empezó a tejer embustes,
en el tiempo del sudario,
con un ovillo de nubes;
(engaños tan fascinantes
que quienes los contemplaron
permanecieron absortos
por los impares pespuntes)
impregnando todo el ámbito
con aroma de ataúdes...
Pero como ese trenzar
le hacía desfallecer,
dejó olvidado el telar
en la orilla del presagio
o en la ribera del mar,
para percibir los ecos
del augurio y el azar;
los notables elementos
con los que entretejería
ese rimbombante lienzo
que la inmortalizaría
en el venidero tiempo.
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Lunes 27 Febrero del 2012
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