danie
solo un pensamiento...
Gota a gota cae el licor de la flor
bañando a dos seres con su meloso néctar;
néctar de palomillas que revolotean dentro de los huesos escarlatas
que se adhieren a la carne junto con las dos mitades de un mundo:
la mar que rodea a los dientes y sus molares
en unas fusiones que muerden la espesa savia abundante de la sangre
y la tierra que gira en órbita sobre los párpados
y sus aglomerados cimientos de la respiración y sus suspiros.
Así se escurren los aguamieles sobre los orígenes del cuerpo
bañando a dos seres con su meloso néctar;
néctar de palomillas que revolotean dentro de los huesos escarlatas
que se adhieren a la carne junto con las dos mitades de un mundo:
la mar que rodea a los dientes y sus molares
en unas fusiones que muerden la espesa savia abundante de la sangre
y la tierra que gira en órbita sobre los párpados
y sus aglomerados cimientos de la respiración y sus suspiros.
Así se escurren los aguamieles sobre los orígenes del cuerpo
tras una tempestad que sacude a los esternones,
mientras jadean las inserciones de los centros y sus ejes
Ejes de los ojos que cubren la piel completamente.
Ojos que ven una canícula eterna en los rayos de sol
que envuelven los músculos de la materia.
La materia que se va consumiendo
con el fuego de unos rojizos besos
y en un velo diáfano con incienso a rosas
que decanta en el solemne lecho.
Acá se pondera el ciclo de la vida
en una transpiración de azufre que mana el cielo y los astros,
frente a un horizonte que pulula con la miel de una colmena;
así un arco iris emerge de una cascada
de secreciones húmedas que se inundan con los surcos
que construyen los espermas y sus embriones.
Una camada de colibrís se agita fervorosamente
buscando la dulce avena en las simientes celadas
por la concupiscencia y su esbelta figura apolínea;
y una centella de luz fotografía el enlace de los hemisferios:
el del oriente y el del occidente en la memoria de la inmortalidad.
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