Rogelio Miranda
Poeta que considera el portal su segunda casa
9-11-2013 Malhaya mi suerte
¡Está bien! Ya que me lo recordaste,
hablemos pues, de cuánto yo te amaba.
En un día como hoy, hacen ya muchos años,
-algo más, de la mitad de mi vida-,
que muy feliz me apersoné donde el juez,
para unirme a ti, voluntariamente.
Dios y Cupido fueron mis testigos,
como padrinos de nuestro casto amor,
me convencieron que ello era lo mejor,
aquella mañana de mi juventud,
y nos extendieron su gran bendición.
Ya nos sonreía la vida en tu vientre,
-complacido lo veía de esa manera-,
orgulloso que pronto florecieras,
el fruto en horabuena de nuestro amor.
Ciertamente fue indescriptible el nueve,
si digo que ese día lucías radiante,
en el instante de afirmar "si quiero",
o en el momento sublime del beso;
el mismo sol de mí se burlaría,
ocultándose tras las densas nubes,
para no desmentirme por vergüenza.
¿Cómo lo ves? Y yo no lo sabía.
¿Fuimos felices durante qué tiempo?
Ahora me falta decirte con dolor,
que desafortunadamente el nueve,
dió inicio a mi más larga pesadilla,
y que ésa alegre unión , jamás debió ser.
Autor: Rogelio Miranda
¡Está bien! Ya que me lo recordaste,
hablemos pues, de cuánto yo te amaba.
En un día como hoy, hacen ya muchos años,
-algo más, de la mitad de mi vida-,
que muy feliz me apersoné donde el juez,
para unirme a ti, voluntariamente.
Dios y Cupido fueron mis testigos,
como padrinos de nuestro casto amor,
me convencieron que ello era lo mejor,
aquella mañana de mi juventud,
y nos extendieron su gran bendición.
Ya nos sonreía la vida en tu vientre,
-complacido lo veía de esa manera-,
orgulloso que pronto florecieras,
el fruto en horabuena de nuestro amor.
Ciertamente fue indescriptible el nueve,
si digo que ese día lucías radiante,
en el instante de afirmar "si quiero",
o en el momento sublime del beso;
el mismo sol de mí se burlaría,
ocultándose tras las densas nubes,
para no desmentirme por vergüenza.
¿Cómo lo ves? Y yo no lo sabía.
¿Fuimos felices durante qué tiempo?
Ahora me falta decirte con dolor,
que desafortunadamente el nueve,
dió inicio a mi más larga pesadilla,
y que ésa alegre unión , jamás debió ser.
Autor: Rogelio Miranda
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