En vez de un televisor tengo un gato,
un gato que maúlla cuando la luna le devora,
cuando el silencio aumenta el eco de los pasos
por la avenida de la ciudad irreversible.
En vez de una alfombra tengo un gato
meándose en la vida feliz que siempre quise,
como una lana que brota de los centros,
como un ímpetu de una bola de carne,
como una imagen gorda instalada en el sofá.
A veces se sube al tejado en la madrugada
arrojando su sonido ausente
a las mujeres de tacones altos.
Me gustaría que vengas a verle
y que le alimentes y le des de beber
hasta invadir su espacio ahogado de respirar a solas,
y que juegues con él y le cambies la arena
para que acabes encaprichándote
de sus pelusas y rarezas.
Para que comprendas sus instintos y flaquezas
y acabes perdonando que se vaya por las chimeneas,
en el fondo se parece a mí, si le encierras se escapa
pero si le dejas libre, siempre regresa.
...
un gato que maúlla cuando la luna le devora,
cuando el silencio aumenta el eco de los pasos
por la avenida de la ciudad irreversible.
En vez de una alfombra tengo un gato
meándose en la vida feliz que siempre quise,
como una lana que brota de los centros,
como un ímpetu de una bola de carne,
como una imagen gorda instalada en el sofá.
A veces se sube al tejado en la madrugada
arrojando su sonido ausente
a las mujeres de tacones altos.
Me gustaría que vengas a verle
y que le alimentes y le des de beber
hasta invadir su espacio ahogado de respirar a solas,
y que juegues con él y le cambies la arena
para que acabes encaprichándote
de sus pelusas y rarezas.
Para que comprendas sus instintos y flaquezas
y acabes perdonando que se vaya por las chimeneas,
en el fondo se parece a mí, si le encierras se escapa
pero si le dejas libre, siempre regresa.
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