Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Debemos amarnos de especial manera,
pues entre el nutrido tránsito de rostros
por el policromo raudal de la feria,
o por la pendiente gris de la avenida,
de lejos, me abraza tu mirada buena.
Entonces te mimo también con un guiño
y tu ancha sonrisa me premia en halago.
Y tañe mi pecho brusco monaguillo,
y soy campanario mentándote mía
y parece sueño que anoche reñimos.
Es que al despertar, siempre, siempre,
el rayo travieso de tus ojos brunos
y el mielero y fácil de mis ojos fieles,
compensan el brío con que rehusamos
a vano disgusto nuestro amor perenne.
Y nos da la vida por hacernos buenos,
y rodamos juntos sin que nada quepa
entre nuestras pieles ligadas a sexo,
mientras ladran perros y gruñen vecinos;
ésos, que la envidia, chumba noveleros.
pues entre el nutrido tránsito de rostros
por el policromo raudal de la feria,
o por la pendiente gris de la avenida,
de lejos, me abraza tu mirada buena.
Entonces te mimo también con un guiño
y tu ancha sonrisa me premia en halago.
Y tañe mi pecho brusco monaguillo,
y soy campanario mentándote mía
y parece sueño que anoche reñimos.
Es que al despertar, siempre, siempre,
el rayo travieso de tus ojos brunos
y el mielero y fácil de mis ojos fieles,
compensan el brío con que rehusamos
a vano disgusto nuestro amor perenne.
Y nos da la vida por hacernos buenos,
y rodamos juntos sin que nada quepa
entre nuestras pieles ligadas a sexo,
mientras ladran perros y gruñen vecinos;
ésos, que la envidia, chumba noveleros.
Última edición: