viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te desvaneces como un suspiro
crucificado en mi mente,
con la levedad insondable
de una huella sin cuerpo.
Tus cosquillas no me reconocen,
porque hace un segundo
que el tiempo te rapiñó,
en un pestañeo de mis brazos.
¿Quién eres tú?
¿Dónde marchó el grácil tintineo
de mi gorrión plumado de ángel?
Cruzaste de ser esbozo
a genial obra de arte,
con la ligereza de las almas
en las olas del aire.
Te detienes en la escotilla
que protege mi fragilidad,
sonriendo tu explosión insolente.
Yo extravié las fuerzas para domar
la salvaje efervescencia
de tu hormonal purasangre.
Detente adolescencia,
sin querer,
en la brevedad de este instante,
y muéstrame a mi niña
en una lágrima tierna
desbocada en su mejilla
de mujer sigilosa.
Te sucedes igual que seduces,
fugaz, esperada y deslumbrante,
como el grito del flash
en una fotografía posada.
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