Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
Hay parajes que nunca cambian;
como los de la nostalgia:
siempre grises,
casi negros,
como los de la muerte.
Otros en cambio
gozan del don de la versatilidad,
como los de la alegría
que difieren día a día
en forma y color.
Algunos parajes se mantienen intactos,
como los de la esperanza,
sutilmente coloreados
por los pinceles amargos
de una ilusión.
Al fin y al cabo
hay parajes ceñidos a la retina,
adormecidos en las pestañas del alma,
quietos, juguetones,
blandos, duros;
parajes de humanos,
parajes de Dios.
como los de la nostalgia:
siempre grises,
casi negros,
como los de la muerte.
Otros en cambio
gozan del don de la versatilidad,
como los de la alegría
que difieren día a día
en forma y color.
Algunos parajes se mantienen intactos,
como los de la esperanza,
sutilmente coloreados
por los pinceles amargos
de una ilusión.
Al fin y al cabo
hay parajes ceñidos a la retina,
adormecidos en las pestañas del alma,
quietos, juguetones,
blandos, duros;
parajes de humanos,
parajes de Dios.