¡Menuda introducción! Con esa imagen parecen ambos capaces de abrazar el océano, y es que la inmensidad es posible abarcarla cuando se quiere, sólo hay que decir que sí y no mirar atrás; mirar atrás no sirve para nada, aunque sea difícil convencerse, no lo es tanto cuando el presente y el futuro ofrecen una alternativa o la misma alternativa remozada por la ilusión.
¿Quién osa decir no haberse reflejado en líneas como las tuyas, donde la promesa es algo que salva todos los puentes rotos de la vida? La ilusión y su albedrío de plena y auténtica libertad se jactan de acompañarnos y contagian a los átomos propios de la ebullición necesaria como para batir y bullir más que nunca.
¿Quién osaría decirte que el amor es un error y que prefiere la soledad y la maldita libertad que no sirve a los seres humanos más que para esposarse una mano contra la otra y mirarse esposados en un suelo tan cristalino por el ir y venir de las propias pisadas en círculo, mientras se sigue pensando y pensando sin parar y sin llegar a ninguna conclusión más que que el compañero tiempo se queda atrás?
¿Quién no osaría dejar su mano caer para ser esposada a otra mano diversa de la tuya propia y así asegurar una auténtica libertad de elegir, de pronunciar lo que sí se desea y de volcar toda la tinta negra del cerebro sobre los viejos papiros del ayer, los que ya demostraron no servir para absolutamente nada?
Te deseo que encuentres ese lugar que sin duda está mucho más allá de adonde los ojos y su mirada viajera pueden alcanzar, mucho más que en el infinito... Lugares inexplorados adonde no prometen llegar las certezas y la rutina del pensamiento, esa que se arguye cada día por parte de las personas para decir NO al amor; mucho más distante está el paraíso que tú prometes.
Ojalá lo alcances, porque tus palabras viajan a la velocidad de la luz. Gracias, afortunada, por compartir líneas que rompen sin duda el granito humano.