Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Atemporales puntadas prenden fúlgidos
reflejos en mi techo, ya gaviotas, ya pupilas
que me miran y fluctúan y reverberan
interfiriendo lentas tu mirada que no llega.
Tu mirada que no está pero es mi ensueño
y se me torna, ya gaviota, ya pupila, inquisidora
de mi pena por tu ausencia y de mis celos
y merma apenas cuando el mar motorizado
mengua su flujo rumoroso en tanto enciende
mi alto desvelo la farola de una lágrima.
¿Serán mis ojos, (no gaviotas ni pupilas)
desde el frío lecho asfaltado por la pena,
los que en su ronda por umbrío cielorraso,
evoquen quedos, cual luciérnagas leales,
en disuasivas contorsiones angustiosas
de cándido esplendor, tu aura inconexa,
mientras te cubre la tibieza de otro pecho?
Se me confunden las gaviotas, las pupilas
y me amanece y te ilumina un sol estoico
mitigador de la intención de mis luciérnagas.
A más, tenaces débitos arrecian y cruelmente
retumba el mar como un estómago voraz
en mi atolón de bastimentos despoblado,
mismo que debo prontamente abastecer.
¿Me aguardarías hasta la noche, amor, en mí,
en que nos recitemos nuestro código vital
y me recueste a traducir entre arabescos
mis figurados te amo de tus labios para otro
y sea como sea los perdone, y así, rasantes,
bajo tu atisbo de pupila melancólica y fulgor
de luciérnaga enmendada, emprendan ellos
feliz retorno al plañidero faro mío, ya lucero?
¿Me aguardarías hasta la noche, amor, en mí,
mientras de celos desvarío por tus encantos?
reflejos en mi techo, ya gaviotas, ya pupilas
que me miran y fluctúan y reverberan
interfiriendo lentas tu mirada que no llega.
Tu mirada que no está pero es mi ensueño
y se me torna, ya gaviota, ya pupila, inquisidora
de mi pena por tu ausencia y de mis celos
y merma apenas cuando el mar motorizado
mengua su flujo rumoroso en tanto enciende
mi alto desvelo la farola de una lágrima.
¿Serán mis ojos, (no gaviotas ni pupilas)
desde el frío lecho asfaltado por la pena,
los que en su ronda por umbrío cielorraso,
evoquen quedos, cual luciérnagas leales,
en disuasivas contorsiones angustiosas
de cándido esplendor, tu aura inconexa,
mientras te cubre la tibieza de otro pecho?
Se me confunden las gaviotas, las pupilas
y me amanece y te ilumina un sol estoico
mitigador de la intención de mis luciérnagas.
A más, tenaces débitos arrecian y cruelmente
retumba el mar como un estómago voraz
en mi atolón de bastimentos despoblado,
mismo que debo prontamente abastecer.
¿Me aguardarías hasta la noche, amor, en mí,
en que nos recitemos nuestro código vital
y me recueste a traducir entre arabescos
mis figurados te amo de tus labios para otro
y sea como sea los perdone, y así, rasantes,
bajo tu atisbo de pupila melancólica y fulgor
de luciérnaga enmendada, emprendan ellos
feliz retorno al plañidero faro mío, ya lucero?
¿Me aguardarías hasta la noche, amor, en mí,
mientras de celos desvarío por tus encantos?
Última edición: