seso
Poeta asiduo al portal
Toque el piano
al mismo ritmo de tus pasos
hacia la ausencia.
Recuerdo el primero hacia alejarte
como un agudo sonido de llanto:
Supe lo qué es llorar,
lo qué es un llanto distinto,
intenso,
¡tan largo!
como el vuelo de una gaviota en pleno ocaso,
¡tan tajante!
como una filosa espina en la palma de la luna;
y quién lo diría:
Dulce también como la caída amarilla
en otoño de las hojas.
Pero quién eres tú para tanto dolor,
para tanta desesperación,
para nunca olvidar,
Por qué eres tan indispensable
¿Quién eres para dejar de existir!
¡Quién eres!
¡Ay, Qué soledad en mí!
Toque el piano,
la canción que más nos duele.
Una en la que te digo adiós.
Una en la que me dices Adiós.
Ese punto final, tuyo y mío,
desde donde me importa más la muerte...
Ah y ese niño cálido que se asomaba
siempre en tus ojos,
partió contigo y tú no lo viste.
¡Se perdió!
No te diste cuenta.
Al voltear tú solo te fijaste en los abismos,
¿No sabías?...
el dolor fue tanto que sólo quedo eso:
ABISMO,
DISTANCIA...
¿Cómo me tratas ahora?
¡Un extraño más!
¡Ya no reconoces la melodía!
¡Ya no me piensas al mediodía!
No te fijas si en las esquinas dejo un verso.
No sabes nada del ritmo triste a la hora de recordarte.
Y dudas del por qué y del para quién de estos versos...
¡Tocaron el piano aquellas gotas!
-¿Quién eres tú para este llanto?-
Esta música me agota.
Esta sangre:
¿Qué clama de ti?
Al voltear tú solo te fijaste en los abismos,
en esa distancia, en ese tiempo disjuntos.
Me siento extraño, con miedo,
en esos paisajes que pintamos juntos
y que tanto amaste.
¡Nosotros fuimos!
Nada más...
Tanto desangrado ha formado un río.
No es un camino rojo hacia el cielo.
No es un camino rojo hacia el infierno.
Tú corazón: Mi antiguo hogar.
Lejano ya.
¿Qué será de él ahora?
al mismo ritmo de tus pasos
hacia la ausencia.
Recuerdo el primero hacia alejarte
como un agudo sonido de llanto:
Supe lo qué es llorar,
lo qué es un llanto distinto,
intenso,
¡tan largo!
como el vuelo de una gaviota en pleno ocaso,
¡tan tajante!
como una filosa espina en la palma de la luna;
y quién lo diría:
Dulce también como la caída amarilla
en otoño de las hojas.
Pero quién eres tú para tanto dolor,
para tanta desesperación,
para nunca olvidar,
Por qué eres tan indispensable
¿Quién eres para dejar de existir!
¡Quién eres!
¡Ay, Qué soledad en mí!
Toque el piano,
la canción que más nos duele.
Una en la que te digo adiós.
Una en la que me dices Adiós.
Ese punto final, tuyo y mío,
desde donde me importa más la muerte...
Ah y ese niño cálido que se asomaba
siempre en tus ojos,
partió contigo y tú no lo viste.
¡Se perdió!
No te diste cuenta.
Al voltear tú solo te fijaste en los abismos,
¿No sabías?...
el dolor fue tanto que sólo quedo eso:
ABISMO,
DISTANCIA...
¿Cómo me tratas ahora?
¡Un extraño más!
¡Ya no reconoces la melodía!
¡Ya no me piensas al mediodía!
No te fijas si en las esquinas dejo un verso.
No sabes nada del ritmo triste a la hora de recordarte.
Y dudas del por qué y del para quién de estos versos...
¡Tocaron el piano aquellas gotas!
-¿Quién eres tú para este llanto?-
Esta música me agota.
Esta sangre:
¿Qué clama de ti?
Al voltear tú solo te fijaste en los abismos,
en esa distancia, en ese tiempo disjuntos.
Me siento extraño, con miedo,
en esos paisajes que pintamos juntos
y que tanto amaste.
¡Nosotros fuimos!
Nada más...
Tanto desangrado ha formado un río.
No es un camino rojo hacia el cielo.
No es un camino rojo hacia el infierno.
Tú corazón: Mi antiguo hogar.
Lejano ya.
¿Qué será de él ahora?