Doré las sombras por ti,
escapé de mi mismo, olvidando el hogar
blando, flácido, de rocas sin marcar
los caminos al regocijo del fin.
Allí, allí no hay meta, no hay jazmín,
narciso, ni rosas, ni tú. Nada que amar,
consagrar con los mechones de los ojos, del llorar.
Angustiado, de adorar para no querer huir.
Solo existe la nada, no estás en mi piedra,
larga pirámide del vacío, de flores
unidas por el hedor de la muerte
con esa, esa tórrida peste.
Esa negrura, vacía, opaca, niebla.
Solo, solo es la imagen de mis olvidados montes.
escapé de mi mismo, olvidando el hogar
blando, flácido, de rocas sin marcar
los caminos al regocijo del fin.
Allí, allí no hay meta, no hay jazmín,
narciso, ni rosas, ni tú. Nada que amar,
consagrar con los mechones de los ojos, del llorar.
Angustiado, de adorar para no querer huir.
Solo existe la nada, no estás en mi piedra,
larga pirámide del vacío, de flores
unidas por el hedor de la muerte
con esa, esa tórrida peste.
Esa negrura, vacía, opaca, niebla.
Solo, solo es la imagen de mis olvidados montes.
Última edición: