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Estrellas

Piedad Acosta Ruiz

Poeta recién llegado

Hay estrellas grandes,
luminosas, como las de Belén,
pequeñas como un cascabel.
Estrellas que apenas se ven,
son las estrellas de invierno,
que se ocultan tímidas, tras las nubes
para que nadie las pueda ver.
Hay estrellas juguetonas
que aparecen encendidas,
y pronto se apagan
tras las noches primaverales;
con ellas, el genio divaga.
Las hay profundamente azuladas
doradas, rojizas, plateadas,
cercanas y huidizas;
profundas, infinitas, titilantes.
Estrellas tan grandes como un planeta,
y tan pequeñas como un granito de arena,
¡abundan nuestras estrellas!,
ellas, son infinitas,
son el manto con el que se arropan
los dioses griegos y egipcios;
cuando tienen frio.
Estrellas como diademas,
traviesas luciérnagas,
para no perderse,
para seguir en la oscuridad
una y otra huella,
cuando ya no se escucha ni siquiera
el aleteo de un pájaro ni una mariposa,
cuando el temor en los labios se asoma,
para callarlos,
cuando hasta el día
se ha hecho sombra,
cuando el espíritu
divaga, perdido, asustado,
como ardilla, como pajarillo.
Y precisamente en ese,
y todos los instantes
de angustia, zozobra y dolor,
en ese planeta llamado Ciesor,
brilla esa estrella,
SONIA NELLY,
que aunque gravite presurosa,
rumbo a otros espacios siderales,
a otras latitudes,
brillará en la francisco Luis con luz propia,
en el alma que alza vuelo,
en un verso declamado
con las manos, con los dedos,
bordado, grabado, dibujado,
en el avioncito, en el barquito de papel
que el viento por los perfumados aires,
por cristalinas aguas se ha llevado.
 

Hay estrellas grandes,
luminosas, como las de Belén,
pequeñas como un cascabel.
Estrellas que apenas se ven,
son las estrellas de invierno,
que se ocultan tímidas, tras las nubes
para que nadie las pueda ver.
Hay estrellas juguetonas
que aparecen encendidas,
y pronto se apagan
tras las noches primaverales;
con ellas, el genio divaga.
Las hay profundamente azuladas
doradas, rojizas, plateadas,
cercanas y huidizas;
profundas, infinitas, titilantes.
Estrellas tan grandes como un planeta,
y tan pequeñas como un granito de arena,
¡abundan nuestras estrellas!,
ellas, son infinitas,
son el manto con el que se arropan
los dioses griegos y egipcios;
cuando tienen frio.
Estrellas como diademas,
traviesas luciérnagas,
para no perderse,
para seguir en la oscuridad
una y otra huella,
cuando ya no se escucha ni siquiera
el aleteo de un pájaro ni una mariposa,
cuando el temor en los labios se asoma,
para callarlos,
cuando hasta el día
se ha hecho sombra,
cuando el espíritu
divaga, perdido, asustado,
como ardilla, como pajarillo.
Y precisamente en ese,
y todos los instantes
de angustia, zozobra y dolor,
en ese planeta llamado Ciesor,
brilla esa estrella,
SONIA NELLY,
que aunque gravite presurosa,
rumbo a otros espacios siderales,
a otras latitudes,
brillará en la francisco Luis con luz propia,
en el alma que alza vuelo,
en un verso declamado
con las manos, con los dedos,
bordado, grabado, dibujado,
en el avioncito, en el barquito de papel
que el viento por los perfumados aires,
por cristalinas aguas se ha llevado.

Veo que sos nuevo!bienvenido Es un placer enorme leerte. ME HA GUSTADO
 

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