Mirando el crepitar de los leños
y el incandescente fuego que los quemaba
con la quietud de mi mirada más serena
y en el corazón un dolor certero
quise destruir con llamas mi alma.
La arrojé para quemarla
callada, miraba como se abrasaba
y me dolían hasta las entrañas
quemándose estaba como una rama
ni del calor quise sofocarla
¡ no podía hacer nada!
dejar que se quemara
y en las cenizas ya no encontrara
ese amor que me avasalla,
que arde por dentro
como lava de un volcán que brama.
En las cenizas luego rebuscaba
mi esencia nueva y renovada
no había cenizas ni leño ni nada
y en un rincón a salvo de ser quemada
se refugiaba mi ánima igual que cuando la arrojara.
_wake_