Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Cuarteados poemas se secan al Sol
y el polvo de la noche borra los gozos
y las rimas que llevaron.
Luciérnagas en celo,
queman la oscuridad que rodea
los sentimientos, que como cofres de palabras
se guardaban en secos sonetos escritos en el polvo,
borrados por los vientos de mil desdenes.
¡Cuántas palabras perdidas en las profundas oquedades
del olvido!
¡Cuántas miradas perdieron sus brillos,
sin ni siquiera intuir sus placeres ignorados!
¡Cuántos suspiros!
¡Cuantos presentes, liberando pasados!
El polvo de los libros es la pizarra donde escriben los ciegos;
y es el alma, la pluma de los sordos al sufrimiento
que con tinta de sudores, escriben las profundidades
de un mundo sin sonidos ni luces;
de un mundo ciego a todo lo que toca el sentimiento.
Cadavéricos poemas tras las desteñidas cortinas,
me recuerdan que mis ahora ya son mis mañanas,
y que mañana ya será la hora de comenzar de nuevo;
con otra vida... en otro tiempo.
y el polvo de la noche borra los gozos
y las rimas que llevaron.
Luciérnagas en celo,
queman la oscuridad que rodea
los sentimientos, que como cofres de palabras
se guardaban en secos sonetos escritos en el polvo,
borrados por los vientos de mil desdenes.
¡Cuántas palabras perdidas en las profundas oquedades
del olvido!
¡Cuántas miradas perdieron sus brillos,
sin ni siquiera intuir sus placeres ignorados!
¡Cuántos suspiros!
¡Cuantos presentes, liberando pasados!
El polvo de los libros es la pizarra donde escriben los ciegos;
y es el alma, la pluma de los sordos al sufrimiento
que con tinta de sudores, escriben las profundidades
de un mundo sin sonidos ni luces;
de un mundo ciego a todo lo que toca el sentimiento.
Cadavéricos poemas tras las desteñidas cortinas,
me recuerdan que mis ahora ya son mis mañanas,
y que mañana ya será la hora de comenzar de nuevo;
con otra vida... en otro tiempo.