jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
mi cama huele a humedad y a viejo
queso rancio y puta barata
cada fin de semana una distinta
mujeres sin nombre que me prestan su cuerpo
para que en él introduzca mi rabia y la eche fuera
y que dejan la huella de su olor entre las sábanas
perfume barato y semen de otros hombres
sudor de pieles que las envolvieron antes
se quedan en mi cama mezclados con la ceniza
de uno que otro cigarrillo poscoito
olores que van y vienen sobre altos tacones
turbios efluvios brotando debajo de diminutas faldas
que se internan en la noche y se pierden
en sórdidos vericuetos y rincones
donde otras camas retendrán sus huellas
donde otros perdedores olfatearán sus pliegues
y aspirarán con fuerza cada molécula de olor
cada pequeño rastro de una carne distinta
que quedó incrustado en esa piel prostituida
y le dio su pátina triste de perdición y decadencia
ese aire desolado de tierra de nadie
ese perfume a derrota que impregna mi almohada
y que de tanto abrazarlo ya tengo
encajado hasta los putos huesos
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