Manuel Avilés Mora
Pluma libre
El brillo de tus ojos cerrados
acompañando tu boca abierta,
produce en mi, la enervante
sensación de un orgasmo verdadero.
Con la presión de un apretar de manos,
juntas en pasional alerta,
estoy dibujando en tu cara lo sufriente
del gozo que en mí reitero.
Las caricias de luego,
son preludio de que de nuevo nuestra puerta
cerrará sin llave a la nueva pasión
que empieza en el amor postrero.
Tu pelo,
enredándose en el descanso
del amante que ya despierta,
llama a batalla final,
sin escudo ni armadura,
al feroz guerrero
que será suave gatito
lamiendo tu escultural feminidad experta.
Te sueño...
Y aún soñandote,
queda tuya mi espada de caballero
entre espasmos del recuerdo de tu deseada,
protectora, y abierta vaina:
que hecha de la seda más suave
del brillo de un lucero,
enamora el centro de gravedad
de mi más dura pasión enhiesta.
Te amo...
Como ama el cielo sus ventiscas
y sus rayos troneros;
porque lo fino de tu exuberante piel
anima lo que me liberta.
acompañando tu boca abierta,
produce en mi, la enervante
sensación de un orgasmo verdadero.
Con la presión de un apretar de manos,
juntas en pasional alerta,
estoy dibujando en tu cara lo sufriente
del gozo que en mí reitero.
Las caricias de luego,
son preludio de que de nuevo nuestra puerta
cerrará sin llave a la nueva pasión
que empieza en el amor postrero.
Tu pelo,
enredándose en el descanso
del amante que ya despierta,
llama a batalla final,
sin escudo ni armadura,
al feroz guerrero
que será suave gatito
lamiendo tu escultural feminidad experta.
Te sueño...
Y aún soñandote,
queda tuya mi espada de caballero
entre espasmos del recuerdo de tu deseada,
protectora, y abierta vaina:
que hecha de la seda más suave
del brillo de un lucero,
enamora el centro de gravedad
de mi más dura pasión enhiesta.
Te amo...
Como ama el cielo sus ventiscas
y sus rayos troneros;
porque lo fino de tu exuberante piel
anima lo que me liberta.