Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Un día me pidió tiempo, por fin me dijo que no respondía a mis mensajes, que no me escribía, que no me llamaba porque su tiempo lo ocupaba en su totalidad en cosas que después (...demonios; después es una palabra territorio del futuro, incierto como tal, efímero como un sueño) me harían sentir muy orgulloso del gran ser que iba a ser y de su persona que nadie, que le conoció en sus tiempos de inocencia, iba ya a reconocer.
Ese día mis ojos se inundaron, supe que le había perdido. Para mí su ser valía en ese día a día de preguntas y respuestas, en ese día con día de mirar sus ojos llenos de sorpresas, en cada uno de los momentos en que me hacía sentir orgulloso de mirar a mi lado a su persona que se nutría de los granos de sal y de pimienta que le ofrecía, en ese recargar su cabeza, durante todo el trayecto en el Metro, sobre de mi hombro y cerrar sus ojos y dormir y saber que le protegía mientras, bien sabía con gusto que le olía, que más que reacomodar su cabeza en mi hombro para que no se lastimara, yo le acariciaba, en ese transitar las calles, los parques, los sueños, los puestos de comida y los edificios y los estadios y... y las esquinas de su vida y la mía; era su persona, su persona cual campo árido sin verde, sin rojo, sin prados y sin flores que se va regando lo que yo miraba asombrado, su compañía que me salvaba de las angustias y los malos sueños y los malos tragos lo que yo admiraba, lo que me hacía hinchar el pecho de orgullo al saber que siendo dos pájaros de diferentes vuelos me había aceptado.
La luz de sus ojos y sus negros parpadeos cual signos de interrogación y después su palabra clara que no dejaba duda de que había aprendido,era lo que a mí me enorgullecía. Debo declararme egoísta, yo quería su alma y su ser a mi lado como eterna compañía.
Ya no escribe, no sé si me lee, no me hace saber en qué parte del mundo deja huellas, no puedo adivinar si la suerte le ha acogido, si los desvelos le han proporcionado a su vida alegría, si por fin está haciendo de su vida un orgullo. Le hubiera encantado a mi ego que me dejara terminar de poner en su pared las repisas que le hacían falta y sobre de ellas mi fotografía.
Tengo en las mejillas, digamos que dos sendas sombras, dos cicatrices; digamos dos tatuajes.., de un lado la oscuridad de sus lágrimas que logré trastocar en luz y calma, en paz y renuevo el día que le abracé después de su primer fracaso, después de su primer asalto. En el otro lado los besos que me dio cada vez que me abrazaba. Dos tatuajes cual tesoro escondido minuciosamente bajo las arenas de una playa que ya no existe, con un mapa deslavado y roto que no marca más ni el norte ni la rosa de los vientos.
Le admiraba sí, me sentía orgulloso sí, ahora creo que le amaba y sus ojos solo me miraban.
En ocasiones es muy doloroso conocer el significado de las palabras: su tiempo ilusorio. Sin embargo ahora no sé qué será de su alma que adoraba y su cuerpo que me hechizaba, es por eso que empleo ese amar en ese estúpido pretérito que tanto cala.
Lo que me dolió no es que me pidiera tiempo, lo que mató el orgullo que por su alma yo sentía día con día fue que usará un después; propiedad del futuro incierto.
Ahora no sé con qué ojos, si regresa, le miraré de nuevo.
Due 22.02.2014 en una noche en la que le recuerdo tanto que me duele a rabiar la luz de su espalda.
Ese día mis ojos se inundaron, supe que le había perdido. Para mí su ser valía en ese día a día de preguntas y respuestas, en ese día con día de mirar sus ojos llenos de sorpresas, en cada uno de los momentos en que me hacía sentir orgulloso de mirar a mi lado a su persona que se nutría de los granos de sal y de pimienta que le ofrecía, en ese recargar su cabeza, durante todo el trayecto en el Metro, sobre de mi hombro y cerrar sus ojos y dormir y saber que le protegía mientras, bien sabía con gusto que le olía, que más que reacomodar su cabeza en mi hombro para que no se lastimara, yo le acariciaba, en ese transitar las calles, los parques, los sueños, los puestos de comida y los edificios y los estadios y... y las esquinas de su vida y la mía; era su persona, su persona cual campo árido sin verde, sin rojo, sin prados y sin flores que se va regando lo que yo miraba asombrado, su compañía que me salvaba de las angustias y los malos sueños y los malos tragos lo que yo admiraba, lo que me hacía hinchar el pecho de orgullo al saber que siendo dos pájaros de diferentes vuelos me había aceptado.
La luz de sus ojos y sus negros parpadeos cual signos de interrogación y después su palabra clara que no dejaba duda de que había aprendido,era lo que a mí me enorgullecía. Debo declararme egoísta, yo quería su alma y su ser a mi lado como eterna compañía.
Ya no escribe, no sé si me lee, no me hace saber en qué parte del mundo deja huellas, no puedo adivinar si la suerte le ha acogido, si los desvelos le han proporcionado a su vida alegría, si por fin está haciendo de su vida un orgullo. Le hubiera encantado a mi ego que me dejara terminar de poner en su pared las repisas que le hacían falta y sobre de ellas mi fotografía.
Tengo en las mejillas, digamos que dos sendas sombras, dos cicatrices; digamos dos tatuajes.., de un lado la oscuridad de sus lágrimas que logré trastocar en luz y calma, en paz y renuevo el día que le abracé después de su primer fracaso, después de su primer asalto. En el otro lado los besos que me dio cada vez que me abrazaba. Dos tatuajes cual tesoro escondido minuciosamente bajo las arenas de una playa que ya no existe, con un mapa deslavado y roto que no marca más ni el norte ni la rosa de los vientos.
Le admiraba sí, me sentía orgulloso sí, ahora creo que le amaba y sus ojos solo me miraban.
En ocasiones es muy doloroso conocer el significado de las palabras: su tiempo ilusorio. Sin embargo ahora no sé qué será de su alma que adoraba y su cuerpo que me hechizaba, es por eso que empleo ese amar en ese estúpido pretérito que tanto cala.
Lo que me dolió no es que me pidiera tiempo, lo que mató el orgullo que por su alma yo sentía día con día fue que usará un después; propiedad del futuro incierto.
Ahora no sé con qué ojos, si regresa, le miraré de nuevo.
Due 22.02.2014 en una noche en la que le recuerdo tanto que me duele a rabiar la luz de su espalda.
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