Yo, la tierra prometida,
desde el principio busqué,
por los desiertos vagué
con insistencia suicida.
Hoy les confieso abatida:
¡no hay fluir de leches y mieles,
ni pueden haber vergeles
con una paz derrotada!
Solo una tierra diezmada
cuyas fuentes manan hieles.
Pude observar, sin embargo,
un paraje prodigioso
donde todo era gozoso,
fue durante mi letargo.
En mi despertar amargo
vi que estabas a mi lado
amor, siempre lo has estado.
¡Tú, mi tierra prometida,
mi refugio, mi guarida,
mi paz, mi vergel, mi amado!
Última edición: