Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
VIENTO (soneto blanco)
Aúlla tras la calma de un segundo
nacido en el desorden de los cielos,
acomete al viandante y a su sombra,
escondida en rincones su silueta.
Trastorna la ordenanza de lo fijo
por el amor al aire que lo nutre,
revienta las barreras, las asica,
esparciendo sus restos y mis sumas.
No respeta oquedad ni un par de ojos
y embota los oídos con su canto
que en espanto y chirrido desemboca.
Maldito viento que a deshoras vienes
para enfrontarnos a la vez que tornas.
¡Te he de cazar un día!, tengo espera.
VIENTO (soneto galaico)
Trastocó el sosiego en solo un segundo,
nació del desorden cruel de los cielos
que atacó mis pasos hoy, mis anhelos;
dos formas que fácilmente confundo.
Por amor al aire sigo en el mundo
y por su ordenanza vuelven desvelos;
este viento ruge fuerte sus celos
aunque servidor se muestre rotundo.
Yo que siempre quise calma y no enojos,
mis oídos tiene sordos su canto
y ciega la vista fiel de mis ojos.
Maldigo el fenómeno, no lo aguanto,
que siempre traspasa mudos cerrojos.
¡Tú quieres joderme, yo me agiganto!
Aúlla tras la calma de un segundo
nacido en el desorden de los cielos,
acomete al viandante y a su sombra,
escondida en rincones su silueta.
Trastorna la ordenanza de lo fijo
por el amor al aire que lo nutre,
revienta las barreras, las asica,
esparciendo sus restos y mis sumas.
No respeta oquedad ni un par de ojos
y embota los oídos con su canto
que en espanto y chirrido desemboca.
Maldito viento que a deshoras vienes
para enfrontarnos a la vez que tornas.
¡Te he de cazar un día!, tengo espera.
VIENTO (soneto galaico)
Trastocó el sosiego en solo un segundo,
nació del desorden cruel de los cielos
que atacó mis pasos hoy, mis anhelos;
dos formas que fácilmente confundo.
Por amor al aire sigo en el mundo
y por su ordenanza vuelven desvelos;
este viento ruge fuerte sus celos
aunque servidor se muestre rotundo.
Yo que siempre quise calma y no enojos,
mis oídos tiene sordos su canto
y ciega la vista fiel de mis ojos.
Maldigo el fenómeno, no lo aguanto,
que siempre traspasa mudos cerrojos.
¡Tú quieres joderme, yo me agiganto!
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