Pablo Alejandro
Poeta adicto al portal
Las Cenizas de un hogar.
De mi hogar quise marcharme
como los pichones de su nidal;
quería unos pasos con huellas,
buscar un futuro y una libertad.
En mi hogar dejé a lo más lindo
de sueños frágiles como cristal.
Lloré mucho, eso sí, compadre,
cuando a mi madre la vi llorar.
La de grandes ojitos azabaches
y su calmada risa de hermandad.
Madre, la de manos hacendosas
para buscarme un trozo de pan.
Marché y un penetrante adiós,
escuche de su voz de amistad.
Madre con la piel como mi tierra,
cabello negro como la oscuridad.
Yo que nunca anuncié regreso;
pasos delante, recuerdos atrás,
observando atardeceres turbios,
volando este mundo, sin libertad.
Mucha necesidad y frívolas noche
encontré en esta Gran Ciudad,
y un dificultoso futuro sombrío,
que un maldito día me hizo pecar.
Solitario, extraviado, entre rejas;
mirando el cielo, veo un ave volar,
alegría sentían mis caídos parpados
y en una ventana se vino a posar.
En mi delirio la oía; -hijo de Dios-
un mensaje yo te vine a entregar,
vengo a hablarte de tu madre, hijo,
que desde el cielo te ha de cuidar.
En una tarde, sollozando marchó,
aquellos frágiles sueños de cristal,
en de pedazos ellos han quedado,
cuando por la nada te dejaste llevar.
Su voz abatida gritaba tu nombre;
y se extingió su voz de amistad.
Su piel de tierra fruncida terminó
por frío y la presencia de soledad.
Sus dos manitos tan trabajadoras
cansadas de brindarte la poca de pan,
empuñaron míseramente las cenizas
de lo que un día quedo de tu hogar.
Blanqueó su pelo y se fue a su lado
su alegría y su sonrisa de hermandad.
Sus ojos azabache, llenos de pesar.
cerraron sin verte como ultima voluntad
Pablo Alejandro