Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Cuando pulsa el botón de la arrancada,
el motor retumbando ya exultante,
con el brío que imprime un elefante,
muy rápido responde a su llamada.
El pie clava en salvaje acelerada,
saltando se encamina hacia delante,
con tal poder y fuerza resultante,
que a todo coche aleja en la calzada.
Un viandante contempla sorprendido,
al ver pasar por esa carretera,
al conductor, de tal guisa, encendido.
Quien no advierte, en su rápida carrera,
la vaca torpe de tenaz mugido,
y, al esquivarla, acaba en la pradera.
el motor retumbando ya exultante,
con el brío que imprime un elefante,
muy rápido responde a su llamada.
El pie clava en salvaje acelerada,
saltando se encamina hacia delante,
con tal poder y fuerza resultante,
que a todo coche aleja en la calzada.
Un viandante contempla sorprendido,
al ver pasar por esa carretera,
al conductor, de tal guisa, encendido.
Quien no advierte, en su rápida carrera,
la vaca torpe de tenaz mugido,
y, al esquivarla, acaba en la pradera.