DIARIO DE UN SACERDOTE
Preámbulo: En el Siglo XVII El Camino de Santiago fue objeto de varias oleadas de Peregrinos procedentes -en su mayor parte- de distintos lugares de una España carcomida por la Miseria, Las Prebendas, La Picaresca, y la Santa Inquisición (Que Dios la tenga en su Gloria, pero que la tenga). La comarca de El Bierzo era la entrada a las Tierras de Galicia, y los Peregrinos normalmente escogían los albergues (llamados "Hospitales" -porque daban "hospitalidad"-) de las villas de Ponferrada o de Villafranca antes de adentrarse en la Tierra del Apóstol. Ambas villas eran tierras de Templarios y aún hoy, en pleno Siglo XXI, hay cofradías afines a dicha Orden Religiosa y Militar constituída para proteger El Camino a Tierra Santa.
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El Diario
Profesaba la lujuria
y le dí la absolución
tras la dura confesión
que ilustraba su penuria.
Invadido por la furia
de su vida disipada
le penitencia ordenada
para limpiar sus pecados
requería mis cuidados
y una experiencia probada.
La desnudé en un rincón
y me subí la sotana
con aparente desgana
y sugerí felación.
Su sorpresa fue cuestión
de explicar el argumento.
-No es castigo ni tormento,
es de Dios su voluntad-
Y sin prisas ni ansiedad
me mostró su firmamento.
Terminada la oración
descansamos un instante
pero al tenerla delante
no observé su contricción.
No fue bastante sanción
y tuve que improvisar.
Sin pretender ultrajar
la forniqué sin descanso.
Su apetito era un remanso
de sereno bienestar.
La creí desposeída
del demonio que albergaba,
pero yo me equivocaba:
¡Era vicio de por vida!
Mas encontré una salida,
para esa furcia serrana
que, piadosa, salió rana.
Y por pura compasión,
con más pena que afición,
la convertí en barragana.
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Chu.
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