Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Amanecía el verano,
guardaba el mar un secreto,
como niños caminamos
a los lindes de su lecho
y allí justo nos besamos,
nos dimos el primer beso;
tú me tuviste en tus manos,
yo acaricié el firmamento.
Amanecía temprano
desde entonces en mis sueños,
y yo que nunca me canso
de soñar en lo que pienso
hice de mi casa un barco,
de mi cuerpo un marinero;
fuiste el horizonte amado
con mar, con vela y con viento.
El mar fue nuestro reclamo,
el sol la flor en tu pelo,
la arena un suelo liviano,
la vela parte del juego.
¡Qué felizmente encontrados
se sintieron los silencios!
Nos cubrimos con los trazos
de colores y de lienzos;
sin pensar fuimos pintando
el ansia de los adentros.
Tú comías de mis labios,
yo bebía de tu centro.
Fuimos entonces osados
sin importarnos el precio;
dos insolventes con granos
de juventud y deseo.
¿Recuerdas?, era verano,
aquel verano en concreto.
guardaba el mar un secreto,
como niños caminamos
a los lindes de su lecho
y allí justo nos besamos,
nos dimos el primer beso;
tú me tuviste en tus manos,
yo acaricié el firmamento.
Amanecía temprano
desde entonces en mis sueños,
y yo que nunca me canso
de soñar en lo que pienso
hice de mi casa un barco,
de mi cuerpo un marinero;
fuiste el horizonte amado
con mar, con vela y con viento.
El mar fue nuestro reclamo,
el sol la flor en tu pelo,
la arena un suelo liviano,
la vela parte del juego.
¡Qué felizmente encontrados
se sintieron los silencios!
Nos cubrimos con los trazos
de colores y de lienzos;
sin pensar fuimos pintando
el ansia de los adentros.
Tú comías de mis labios,
yo bebía de tu centro.
Fuimos entonces osados
sin importarnos el precio;
dos insolventes con granos
de juventud y deseo.
¿Recuerdas?, era verano,
aquel verano en concreto.
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