Alex Courant
Poeta adicto al portal
Inevitable, llegaste a mí.
Como sucede que la primavera
despide a los inviernos.
Como sucede que a un beso de la alegría
le antecede un labio de la tristeza.
Y tú llegaste a mí.
Inevitable, llego tu cintura,
sobre la danza de la vida
se enredo en mis brazos
e inevitable es que no la ciña,
con bravura, hasta la última balada.
Inevitable es dejar de respirar
el aire que respiras.
Inevitable tenías que pasar
y enterrarte en mis ojos,
libre, como el cauce del río,
como ala de ave despeinando el viento.
Y yo sólo tenía que dejar que te consumieras,
de a poco, en el fuego de la esperanza
y nunca apagarte, nunca,
con una lágrima de la desdicha.
Como sucede que la primavera
despide a los inviernos.
Como sucede que a un beso de la alegría
le antecede un labio de la tristeza.
Y tú llegaste a mí.
Inevitable, llego tu cintura,
sobre la danza de la vida
se enredo en mis brazos
e inevitable es que no la ciña,
con bravura, hasta la última balada.
Inevitable es dejar de respirar
el aire que respiras.
Inevitable tenías que pasar
y enterrarte en mis ojos,
libre, como el cauce del río,
como ala de ave despeinando el viento.
Y yo sólo tenía que dejar que te consumieras,
de a poco, en el fuego de la esperanza
y nunca apagarte, nunca,
con una lágrima de la desdicha.