César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
El nuestro fue un amor espurio
contaminado de imposibles
ilusionado como el de dos quinceañeros
asediado por incongruencias
(muy pocos/as lo justificarían).
Yo no quise verlo.
Necesitaba decirme a mí mismo que era limpio
cristalino
lo que sentía
siento.
Necesitaba acallar mi conciencia.
Amor de escándalo en las bocas
y gestos de reprobación a mis espaldas;
compasión por ella
burla y condena por mí.
Acaso uno que otro amigo verdadero, amiga,
saludándonos desde su ventana.
Dos veces me habló ella de lo espurio
de nuestro amor.
Y ya no pude seguirme mintiendo a mí mismo.
Tenía razón.
Llegué a ella muy tarde y a la vez demasiado temprano;
obré mal al permitirlo.
El desierto de mi vida enloqueció con su llovizna;
no le creía, no quería creerle
por protegerme…
Por esto que me pasa hoy, pero de manera distinta.
Vuelvo a mi rutina.
Se acabó.
Un amor que es espurio no se limpia a sí mismo con deseos.
contaminado de imposibles
ilusionado como el de dos quinceañeros
asediado por incongruencias
(muy pocos/as lo justificarían).
Yo no quise verlo.
Necesitaba decirme a mí mismo que era limpio
cristalino
lo que sentía
siento.
Necesitaba acallar mi conciencia.
Amor de escándalo en las bocas
y gestos de reprobación a mis espaldas;
compasión por ella
burla y condena por mí.
Acaso uno que otro amigo verdadero, amiga,
saludándonos desde su ventana.
Dos veces me habló ella de lo espurio
de nuestro amor.
Y ya no pude seguirme mintiendo a mí mismo.
Tenía razón.
Llegué a ella muy tarde y a la vez demasiado temprano;
obré mal al permitirlo.
El desierto de mi vida enloqueció con su llovizna;
no le creía, no quería creerle
por protegerme…
Por esto que me pasa hoy, pero de manera distinta.
Vuelvo a mi rutina.
Se acabó.
Un amor que es espurio no se limpia a sí mismo con deseos.
César Guevara / abril / 2014
Última edición: