SkinheadMarco
Poeta recién llegado
La absurda mascarada se cierne en la triste y longeva noche, tan ilógica… tan risiblemente imperecedera. Y todos bailamos al unísono de etéreas trompetas y tambores. Una falsa melodía, con un monótono ritmo, y siempre la misma gomosa coreografía. Un paso adelante… un paso atrás… un paso adelante… un paso atrás. Y así nos movemos, en un delirante y sempiterno ciclo de forzados movimientos, de ridículas sonrisas. Y es que aquí todos abandonamos nuestro criterio. Los pensamientos complejos no tienen lugar en esta fiesta de júbilo y locura.
Te notas cansado, amigo mío ¿es que ya no quieres bailar? ¡Vamos! borra de tu rostro toda amargura, y disfruta, que la noche aún es joven, y la vida es solo una. Ven, nos burlaremos de aquél hombre: él que ha perdido la máscara. Obsérvalo, ríe con nosotros, exaltemos juntos su dolor. Te divertirás como nunca, ya verás. Es cierto, pobre hombre; pero la verdad es que se lo ha ganado. Estaba bailando a destiempo, fuera del compás, falto de gracia y ritmo; era obvio que su máscara caería. Y es que aquí todos somos arlequines, él debió pensar en eso antes. Aquellos que pierden el ritmo no tienen lugar en este baile.
Las sonrisas sistemáticas se pintan en nuestros rostros, y ni la lúgubre noche, ni el yermo de la soledad habrán de borrarlas jamás. Parecen cálidas, afables; pero recuerda que esto es una mascarada, una comedia. Tú despreocúpate, mientras tengas tu máscara puesta, todo estará bien. Podrás llorar, soñar, temer y odiar, siempre bajo el seguro manto de tu careta; pero en la superficie tendrás una eterna sonrisa jovial. Y es que aquí todo es fiesta y alegría. Los corazones afligidos y las lágrimas de los atormentados no tienen lugar en esta noche de gala.
¡Shhhh! ¡Calla! No hables mal del anfitrión. Ojalá que no te escuche; reza para que no se entere. Él tiene oídos en todas partes, es casi omnipresente, y si te llega a oír estarás desahuciado. Vamos, tampoco pongas esa cara, que no es tan malo, te digo, es solo que no tolera la presencia de agitadores y charlatanes. Él trata de proveer lo mejor para sus celebraciones y le enoja que no se lo agradezcan, como es correcto, y en vez de eso algunos bastardos le reprochan y lo juzgan. Y es que aquí todos tememos y amamos a nuestro noble anfitrión. Los malagradecidos y los hipócritas no tienen lugar en esta fiesta de halagos.
Y así bailamos todos, al mismo ritmo y compás. Y hasta que el inminente olvido nos alcance no dejaremos de disfrutar de este irracional baile; como cerdo ciego, al que sus amos apapachan y engordan, pero ignora que ellos—que lo llenaron de mimos y regalos— habrán de darle brutal muerte. Y es que aquí todos estamos corrompidos, muertos. La luz no tiene lugar en esta putrida mascarada.
Te notas cansado, amigo mío ¿es que ya no quieres bailar? ¡Vamos! borra de tu rostro toda amargura, y disfruta, que la noche aún es joven, y la vida es solo una. Ven, nos burlaremos de aquél hombre: él que ha perdido la máscara. Obsérvalo, ríe con nosotros, exaltemos juntos su dolor. Te divertirás como nunca, ya verás. Es cierto, pobre hombre; pero la verdad es que se lo ha ganado. Estaba bailando a destiempo, fuera del compás, falto de gracia y ritmo; era obvio que su máscara caería. Y es que aquí todos somos arlequines, él debió pensar en eso antes. Aquellos que pierden el ritmo no tienen lugar en este baile.
Las sonrisas sistemáticas se pintan en nuestros rostros, y ni la lúgubre noche, ni el yermo de la soledad habrán de borrarlas jamás. Parecen cálidas, afables; pero recuerda que esto es una mascarada, una comedia. Tú despreocúpate, mientras tengas tu máscara puesta, todo estará bien. Podrás llorar, soñar, temer y odiar, siempre bajo el seguro manto de tu careta; pero en la superficie tendrás una eterna sonrisa jovial. Y es que aquí todo es fiesta y alegría. Los corazones afligidos y las lágrimas de los atormentados no tienen lugar en esta noche de gala.
¡Shhhh! ¡Calla! No hables mal del anfitrión. Ojalá que no te escuche; reza para que no se entere. Él tiene oídos en todas partes, es casi omnipresente, y si te llega a oír estarás desahuciado. Vamos, tampoco pongas esa cara, que no es tan malo, te digo, es solo que no tolera la presencia de agitadores y charlatanes. Él trata de proveer lo mejor para sus celebraciones y le enoja que no se lo agradezcan, como es correcto, y en vez de eso algunos bastardos le reprochan y lo juzgan. Y es que aquí todos tememos y amamos a nuestro noble anfitrión. Los malagradecidos y los hipócritas no tienen lugar en esta fiesta de halagos.
Y así bailamos todos, al mismo ritmo y compás. Y hasta que el inminente olvido nos alcance no dejaremos de disfrutar de este irracional baile; como cerdo ciego, al que sus amos apapachan y engordan, pero ignora que ellos—que lo llenaron de mimos y regalos— habrán de darle brutal muerte. Y es que aquí todos estamos corrompidos, muertos. La luz no tiene lugar en esta putrida mascarada.
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