Hoover White
Poeta adicto al portal
Dame, vida, el arrullo de tus alas,
un aire que hinche mis pulmones
y un minuto para escuchar
tus penas sobre mí, pues, tú escuchas
las mías y yo de ti no sé nada.
Dame, vida, tu verde que lo he rayado
con mis lágrimas cristalinas y lúgubres,
dame amor, dame esperanza;
que a veces en la frigidez suelo agonizar
y en la soledad no hay nada
la he palpado y no me ha ceñido.
Dame, vida, tu albor que embriaga,
toda la alegría alboreando
para fecundar mi felicidad sinfín,
dame tu mano, dame tu palma
y un abrazo de tu cuerpo placiente.
Dame todo, dame nada, dame poco,
¡Dame lo que tengas en tu mente!
Pues sin ti la congoja me mata
y sin ti, vida, ¿Quién?
¿Quién me salvara del frío desdén?
Nadie más, nadie más, sólo tú,
desmesurada esplendidez, desmesurado ocaso
de mis ojos, de mis sueños que te ven.
¡Dame, vida, el arrullo de tus alas!
Última edición: