Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Un dolor en plaza de gorriones
que yace en mi cabeza,
una memoria indulgente de baldíos y
conjeturas raquíticas,
en la boca el sabor de la flecha
con su veneno de nostalgia,
frente a los murales
el nombre de tus manos,
el color de tus suspiros
que se hacen girasol en perlas,
hasta el deseo
de algas inciertas que se manifiestan
como un lagar de besos escondidos
en la primavera,
un deseo misterioso
que la mañana de cobre despierta,
y las cosas que aquí nunca descuelgan,
y los tímpanos que se cierran
a los quejidos de la lluvia,
hasta el centro del universo;
soy de ella
que yace en mi cabeza,
una memoria indulgente de baldíos y
conjeturas raquíticas,
en la boca el sabor de la flecha
con su veneno de nostalgia,
frente a los murales
el nombre de tus manos,
el color de tus suspiros
que se hacen girasol en perlas,
hasta el deseo
de algas inciertas que se manifiestan
como un lagar de besos escondidos
en la primavera,
un deseo misterioso
que la mañana de cobre despierta,
y las cosas que aquí nunca descuelgan,
y los tímpanos que se cierran
a los quejidos de la lluvia,
hasta el centro del universo;
soy de ella
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