Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Una puérpera Luna danzaba en el zodiaco soltando los cordones blancos umbilicales con los que le había encadenado un avión. Tú aparecías atrás, en el pasado renegrido, como una cesta para ser llenada. A pesar de todo seguimos juntos mientras otras relaciones no duran, dijiste. Mudos los grillos, en sus agujeros saturninos escuchaban. Mientras, me divertía contemplando a los apaches de Júpiter saltando en la Osa Mayor. Chopin nos puede ayudar a colocar la corriente sanguínea hacia el cielo, insistías. Dime amor si tu amor mama de estas estrellas, dime si me escuchas de rodillas, pensaba. Seamos puentes que unan sobre el espacio lo que en el espacio ya está unido, me susurraba. Deberíamos enviar velas a las alturas otra vez, hacer nosotros las estrellas, iluminar con ellas la calle de las palomas saturninas, quebrar los rascacielos de silencio desde esa luz que titila, dirigirse hacia una luz, hacia la posibilidad de una luz, ¿comprendes amor?, hacia el interruptor que nadie ha de tocar, tus labios, hacia tus labios, comprendes, tus labios, los hermanos secos de tu corazón, me indicaba, mientras yo gritaba: huid cigüeñas selenitas, huid, no quiere vuestro vuelo, quiere las plumas...
Ahora yo me había despertado y él, el mismo que bautizó a mi luna con un nombre gris perla, bajo su lámpara aún encendida, dormía.
Sin embargo prefiero observar el cielo,
sentirlo desde los pocos de gramos que somos,
ordeñar la mudez del espacio,
contemplar Venus y Júpiter en la misma página.
Un Venus construido con el deseo del amor.
Un Júpiter llorón, con sus Etnas de dolor.
También Plutón de los muertos.
Qué bello más allá.
Está pintado en tu oscuridad, amor.
Espacio adentro, ondeando va la bandera del negror.
Duelen los asteroides como si te alcanzasen.
Mirar a la nada para intentar conservarla eternamente.
Las matemáticas
explicando las voces del allá.
La nueva nave espacial,
como bastón blanco del poeta científico
necesitado de tantear las cosas para reconocerlas.
Las grandes distancias, amor,
como el despeño del arroyo desde la altura,
como el monte enseñándonos el abajo,
como de una palabra tuya a la otra,
esas estrellas como cardos
nunca serán flor.
Hay vida, sí amor, ya estamos despojados de toda excusa.
Por lo tanto, lo que a mí me interesa es el amor,
desear que en el cielo también se abran las rosas,
el pulso acelerado y a veces las repeticiones, eso es todo.
..
.
Jesús Soriano
.
Una puérpera Luna danzaba en el zodiaco soltando los cordones blancos umbilicales con los que le había encadenado un avión. Tú aparecías atrás, en el pasado renegrido, como una cesta para ser llenada. A pesar de todo seguimos juntos mientras otras relaciones no duran, dijiste. Mudos los grillos, en sus agujeros saturninos escuchaban. Mientras, me divertía contemplando a los apaches de Júpiter saltando en la Osa Mayor. Chopin nos puede ayudar a colocar la corriente sanguínea hacia el cielo, insistías. Dime amor si tu amor mama de estas estrellas, dime si me escuchas de rodillas, pensaba. Seamos puentes que unan sobre el espacio lo que en el espacio ya está unido, me susurraba. Deberíamos enviar velas a las alturas otra vez, hacer nosotros las estrellas, iluminar con ellas la calle de las palomas saturninas, quebrar los rascacielos de silencio desde esa luz que titila, dirigirse hacia una luz, hacia la posibilidad de una luz, ¿comprendes amor?, hacia el interruptor que nadie ha de tocar, tus labios, hacia tus labios, comprendes, tus labios, los hermanos secos de tu corazón, me indicaba, mientras yo gritaba: huid cigüeñas selenitas, huid, no quiere vuestro vuelo, quiere las plumas...
Ahora yo me había despertado y él, el mismo que bautizó a mi luna con un nombre gris perla, bajo su lámpara aún encendida, dormía.
Sin embargo prefiero observar el cielo,
sentirlo desde los pocos de gramos que somos,
ordeñar la mudez del espacio,
contemplar Venus y Júpiter en la misma página.
Un Venus construido con el deseo del amor.
Un Júpiter llorón, con sus Etnas de dolor.
También Plutón de los muertos.
Qué bello más allá.
Está pintado en tu oscuridad, amor.
Espacio adentro, ondeando va la bandera del negror.
Duelen los asteroides como si te alcanzasen.
Mirar a la nada para intentar conservarla eternamente.
Las matemáticas
explicando las voces del allá.
La nueva nave espacial,
como bastón blanco del poeta científico
necesitado de tantear las cosas para reconocerlas.
Las grandes distancias, amor,
como el despeño del arroyo desde la altura,
como el monte enseñándonos el abajo,
como de una palabra tuya a la otra,
esas estrellas como cardos
nunca serán flor.
Hay vida, sí amor, ya estamos despojados de toda excusa.
Por lo tanto, lo que a mí me interesa es el amor,
desear que en el cielo también se abran las rosas,
el pulso acelerado y a veces las repeticiones, eso es todo.
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Jesús Soriano
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