Marah
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una noche de mi infancia
triste letargo turbó mi mente: virgencita
agorera de hoz al hombro,
diligente descendía en una nube cual carro
oficiado a arrastrar lo que de la tierra no es.
Rechinaba su ritmo presuroso,
su huerto fosforescente me hizo ver
tal mensaje:
¡Oh, virgen del cielo:
de inclemente eternidad de silencio soberano!
tanto, que mis ojos abrí rotos de dolor!
¡Y eras tú, madre!: Cuando te besé volaste al cielo!
Cuánto lloré: lloré hasta dolerte
y en tu pecho latente tan cáliz, tan amor me dormí!
Pero hoy...¡qué pena! aleve mirlo de gorja grave,
ha posado sobre el hombro de un ángel
cuyo manto umbroso te roza, y tu rostro pudo orear
y como la noche que cae sobre un tálamo sin huésped
te cubrió de veras ¡Madre querida!
Antes de partir, ¿dónde tu beso eterno puedo hallar?
De veras no lo sé,
ni en la virgen más universal está
al menos un soplo dame tú que supla tanta ternura
que mi alma transida acalle
¡Madre querida .antes de partir........!
Mariluz Reyes