Brisa fresca que despeina
vellos rizos por mi piel,
juega en torbellinos suaves
entre mi rostro y la luna
cuando charlamos tonadas
aquellas noches de ocio,
ella en mis manos amigas,
yo en su capullo de amor.
¿Y qué saben la luna o la brisa;
cómplices del capullo que voló;
de suspiros, de letargos,
de sonrisas sin razón?
Dulce mariposa que busca
mi aroma fresco y tierno
entre alisios y monzones,
retando la furia loca
de esos vientos insensibles
con sus alas ya cansadas;
¡No hay rastro que seguir
ni caminos para andar!
No hay lugar en el jardín
distante y hermoso
que habita mi corazón,
reclinado sobre el éxtasis.
Llevo en el alma una flor
que perfuma mis sentidos.
Abre sus pétalos ojos
y amanece el universo;
el mundo se vuelve luz,
fantasía, pasión
que remueve mi equilibrio
cuando este cuerpo,
vasija insuficiente, recibe
las gotitas primeras
de su mirada tenue;
la primera melodía de su voz.
Soy de ella su aliento,
sus pasos,sus ojos,
su héroe salvador.
Es ella mi estela de espuma
que va refrescando el ardiente
y oscuro mar del dolor.
Es mi vida en otro rostro,
el molde exacto que cubre
cada poro del corazón.
Somos el lecho y el río,
juntos hasta la bahía
extendiendo brazos a la inmensidad.
Somos la frontera del mundo,
del tiempo, del espacio,
donde ni la muerte encuentra
brechas ocultas para entrar.
¿Cómo crees brisa
que puedo advertir un vuelo,
enamorando al futuro,
justo a mi alrededor?
¿Qué espejo empañaría
esta sonrisa felíz?
Dime luna, ¿Qué puedo dar
sino mi mano amiga y mi voz?
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