dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Esta vez sí que son reales, ya han llegado,
vienen, se acercan, andan lentamente,
algunos de ellos con sangre en la frente
por un niño vivo que han devorado.
La mano huesuda, la piel ajada,
a algunos un labio les falta y un ojo,
otros son mancos y hasta viene un cojo
con la muleta de rojo pintada.
Se escapó el diablo sin ninguna duda,
es el infierno que soñara Dante.
Madre de Dios, la que viene delante
¿no era mi esposa que ahora me saluda?
Parece decirme espérame cielo
nada temas de tu querida esposa
que se ha escapado de la fría fosa
sobrada de huesos y con poco pelo.
Tiemblo cual hoja que el viento azotara
al sentir que están cada vez más cerca.
Fue cuando viva una mujer muy terca.
Ya siento su aliento y le grito: ¡Para!
Sin hablar, ríe de una rara manera,
en mi pecho juega y la mano baja.
¡Dios, cómo huele su cuerpo a mortaja!
¡Que horror las cuencas de su calavera!
Río, lloro, grito, loco me araño,
el terror me ha dejado como muerto.
Después de un nuevo grito me despierto
a mil el corazón pero sin daño.
Para ver su tumba voy al camposanto,
para asegurarme que sigue muerta,
para comprobar que no ha sido abierta
la maloliente caja del espanto.
Que nunca como una zombi te vea
este hombre que tanto te echa de menos,
que tanto anhela tu boca y tus senos.
No salgas cariño que estás muy fea.
Eladio Parreño Elías
16-Mayo-2014
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