susoermida
Poeta recién llegado
Se quedo parado el recuerdo como un acecho inanimado.
Hay dormitorios despiertos sobre lo doliente cruel del olvido,
y esta orilla de la vida sigue con sus intestinos revueltos
buscando la realidad de las rodillas que duelen cada día.
Se fueron los versos contigo y también se fueron esos labios
que los conocían como gemidos acostumbrados sobre la lenta
manía de vivir insistiendo en querer sobrevivir.
Yo vivo sobre estas olas diarias que tú conocías:
sobrevivo sobre la esperanza hervida de este cansino
fin de ser hombre sin saber lo que soy o lo que somos.
Ahora ya no puedo decirte como es la rosa ni tampoco explicarte
como es el pan que mastico cada día con dientes de azufre adelantado:
sigo siendo el triste poeta que no encuentra la estación ni sabe cual es el tren.
Nado entre líneas diarias que me rascan linealmente. Trazos acostumbrados
para no saber ni como es el desvelado sentir de mi fin.
Ahora que estas en el final del viaje funerario y dejaste atrás
los heridos días que te consumieron.
Ahora que el centro puro de tu poesía es la muda presencia
del mercado donde antes solías columpiar la esperanza:
aquel en donde a diario dejabas las espumas de tu alma sobre un papel:
ahora, ahora,
es cuando te reconozco
ahora, ahora,
conozco las puertas que la ceremonia de tu ausencia me brinda.
Hay dormitorios despiertos sobre lo doliente cruel del olvido,
y esta orilla de la vida sigue con sus intestinos revueltos
buscando la realidad de las rodillas que duelen cada día.
Se fueron los versos contigo y también se fueron esos labios
que los conocían como gemidos acostumbrados sobre la lenta
manía de vivir insistiendo en querer sobrevivir.
Yo vivo sobre estas olas diarias que tú conocías:
sobrevivo sobre la esperanza hervida de este cansino
fin de ser hombre sin saber lo que soy o lo que somos.
Ahora ya no puedo decirte como es la rosa ni tampoco explicarte
como es el pan que mastico cada día con dientes de azufre adelantado:
sigo siendo el triste poeta que no encuentra la estación ni sabe cual es el tren.
Nado entre líneas diarias que me rascan linealmente. Trazos acostumbrados
para no saber ni como es el desvelado sentir de mi fin.
Ahora que estas en el final del viaje funerario y dejaste atrás
los heridos días que te consumieron.
Ahora que el centro puro de tu poesía es la muda presencia
del mercado donde antes solías columpiar la esperanza:
aquel en donde a diario dejabas las espumas de tu alma sobre un papel:
ahora, ahora,
es cuando te reconozco
ahora, ahora,
conozco las puertas que la ceremonia de tu ausencia me brinda.