Maite Aranguren
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dos cuerpos encendidos
latiendo a un mismo son
anegados de pasión
de amores combativos
envueltos en aullidos
jadeos inconstantes
sudores hoy errantes
de lenguas aferradas
miradas enfrentadas
vigilias expectantes
selváticos gemidos
perdiendo la razón
exhiben su blasón
heráldicos esquivos
amorosamente ungidos
empujes delirantes
órganos vibrantes
final de la parada
felices madrugadas
tiernamente amantes
latiendo a un mismo son
anegados de pasión
de amores combativos
envueltos en aullidos
jadeos inconstantes
sudores hoy errantes
de lenguas aferradas
miradas enfrentadas
vigilias expectantes
selváticos gemidos
perdiendo la razón
exhiben su blasón
heráldicos esquivos
amorosamente ungidos
empujes delirantes
órganos vibrantes
final de la parada
felices madrugadas
tiernamente amantes