Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
El cerro que domina el caserío,
sin la lluvia vital para la tierra,
suele tornarse en el feroz estío
en árida y desierta paramera.
Con el cálido viento de secano
el terreno soporta imperturbable
el azote implacable del verano,
a la espera de un tiempo mas amable.
Un soberbio ejemplar de pino viejo
nos muestra alguna rama calcinada,
heridas de batalla encarnizada
librada contra el rayo traicionero.
El árbol, tan enorme y legendario,
férreamente agarrado a la ladera,
ya deforme, sediento y solitario
las lluvias otoñales siempre espera.
sin la lluvia vital para la tierra,
suele tornarse en el feroz estío
en árida y desierta paramera.
Con el cálido viento de secano
el terreno soporta imperturbable
el azote implacable del verano,
a la espera de un tiempo mas amable.
Un soberbio ejemplar de pino viejo
nos muestra alguna rama calcinada,
heridas de batalla encarnizada
librada contra el rayo traicionero.
El árbol, tan enorme y legendario,
férreamente agarrado a la ladera,
ya deforme, sediento y solitario
las lluvias otoñales siempre espera.