loko vini
Poeta recién llegado
Desnuda, la lluvia cobija tu angustioso rostro, mirada que busca la huida de la realidad reflejando las heladas gotas de saliva que brotan constantes de tu boca, ríos que se llevan tu alma condenada, al exilio donde tu nombre desaparece.
Largas horas de autoflagelación, mordisqueando el fúnebre recuerdo en el que de una fina cuerda tu cuerpo pendulaba libre, libre como mi sangre que ahora fluye en el piso cubriendo las huellas de tus pies descalzos.
Cegado por el éxtasis del egoísmo busco la mirada perdida, para así abalanzar mis labios sobre los tuyos, harapos cuelgan de tus ojos, vanidad que entre podredumbre danza entusiasmada, mostrando viral masoquismo de sangre y vísceras frescas.
Colmenas de carroñeros, mezcla de lobos y gusanos, buscando entre la basura los residuos de sus propias vidas beben sin parar fluidos de otros iguales a ellos, círculo que eternamente se marca como propiedad privada.
Obstruidas mis manos han echado sal en mi herida, ataduras de episodios jugados al azar, muecas de alquiler, destapan las vendas de mi agusanado cuerpo, carne que ha muerto verde entre pilas de verdad, moscas salen de mi boca para posarse en las campanas del cementerio de sueños de mi maltrecho pecho.
Cadáver que colgado inhalas el asco de las tediosas horas, espejo de mi propia sangre, muda has escrito la violenta verdad de mis horas tristes, el sabor del vacío rodea este habitáculo senil apretando las correas de aquello que llaman realidad, infierno, encantador infierno de verdades paralelas, luz de solitaria cuidad abandonada, averno libido.
Dulce vagabundo que mendiga la verdad entre carencia de deseos, voces de almas desaparecidas destilan las agitadas tragedias de tu odio, que sobre mis ojos desprenden las vendas.
Ausente presencia muerta tu compañía es el suicidio de mi mente, escriba que alejada desmiembras mi historia, dejando el esqueleto de tu sombra, mostrando al demonio que escribe estas letras.
Largas horas de autoflagelación, mordisqueando el fúnebre recuerdo en el que de una fina cuerda tu cuerpo pendulaba libre, libre como mi sangre que ahora fluye en el piso cubriendo las huellas de tus pies descalzos.
Cegado por el éxtasis del egoísmo busco la mirada perdida, para así abalanzar mis labios sobre los tuyos, harapos cuelgan de tus ojos, vanidad que entre podredumbre danza entusiasmada, mostrando viral masoquismo de sangre y vísceras frescas.
Colmenas de carroñeros, mezcla de lobos y gusanos, buscando entre la basura los residuos de sus propias vidas beben sin parar fluidos de otros iguales a ellos, círculo que eternamente se marca como propiedad privada.
Obstruidas mis manos han echado sal en mi herida, ataduras de episodios jugados al azar, muecas de alquiler, destapan las vendas de mi agusanado cuerpo, carne que ha muerto verde entre pilas de verdad, moscas salen de mi boca para posarse en las campanas del cementerio de sueños de mi maltrecho pecho.
Cadáver que colgado inhalas el asco de las tediosas horas, espejo de mi propia sangre, muda has escrito la violenta verdad de mis horas tristes, el sabor del vacío rodea este habitáculo senil apretando las correas de aquello que llaman realidad, infierno, encantador infierno de verdades paralelas, luz de solitaria cuidad abandonada, averno libido.
Dulce vagabundo que mendiga la verdad entre carencia de deseos, voces de almas desaparecidas destilan las agitadas tragedias de tu odio, que sobre mis ojos desprenden las vendas.
Ausente presencia muerta tu compañía es el suicidio de mi mente, escriba que alejada desmiembras mi historia, dejando el esqueleto de tu sombra, mostrando al demonio que escribe estas letras.
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