Espiral de inextinguible luz
aquí mis tardes otoñales
esperan el suburbio de tu boca.
Aquí las dríadas solitarias
solfean tus costumbres
convocándome a presidir
el diáfano sueño que nace de ti.
Erguida, en la armonía del silencio
alada de miel y cerilla
cruzas la sombra y la lluvia
que me subyuga a tu caricia de luz.
Silencio de nardo
es la sombra de tus ojos
en ellos se acendra
la palabra que te nombra.
No sé si es la mueca de la tarde
o tal vez el beso llovido
que duplica la savia de tus manos
en este pecho dormido.
EBAN
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