LLUEVE
Racimos de perlas anticipan la penumbra
tiñendo de plata envejecida
los ardores apagados del ocaso.
Las nubes muestran colores mortecinos,
tristes como algodón en rama.
La lluvia se deja llevar indolente y cadenciosa
por un lamento que olvida un amanecer
que fue radiante y luminoso.
Los pájaros ya no cantan
y solo se escucha el dulce sonido
de una brisa que acaricia las ramas de los árboles,
pletóricos de verdes hojas que ahora parecen grises.
Y yo, refugiado en un porche coronado de glicinias,
escucho las gotas que resbalan con parsimonia.
Enciendo un cigarrillo, miro al cielo y pienso
con nostalgia : ¿ Qué fue de nuestro amor ?
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Chu