VERSOS DORMIDOS
Es la hora de las manos ciegas,
de la herrumbre celeste que camina
agonizando suspiros en la indeleble
página de tus pupilas.
Pasan tentáculos aferrados
a los barcos de tu vientre,
besos ambiguos soltando
dagas en el latir de un piano.
Los estertores del silencio
van cerrando con un clic
el humo de mis huesos
mientras el amanecer nos mira
en una cicatriz con aroma
a versos dormidos.
EBAN
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