Évano
Libre, sin dioses.
Sin velas en lo oscuro que me ofreces,
sin velas en los vientos que me niegas
ni barco que navegue los océanos
donde flota el amor y las estrellas.
Quisiera que en las aguas de esta arena
no latiera mi corazón como duna
que transformas cada noche a tu manera.
Fueran movedizas con fondo en el abismo
estas, donde espero a los días
y los besos que guardas y congelas.
Que piedras en reloj convirtieras,
y ese hielo que en agua yo quisiera.
Como el grano y la gota y ese hielo
manejas mi mundo y moldeas
mi tierra tranquila en infierno
para luego decirme que piso,
que lo que piso ahora es tu cielo.
Sin luz en el amor que yo quiero,
sin días en la boca que amo,
sin dedos en la mano que escondo
por miedo al puño del adiós.
En la trastienda del amor
me enfrento a la escalera
que baja a los abismos.
Imagino lo bello del afuera
que paseas mientras me olvidas
en lo oscuro de mí mismo.
Cuando el tiempo sea calavera
y mis huesos los remos que arrojaste
a ese desierto de ojos sin oasis,
verás lo negro que cubre a tu alma,
el petróleo de tus manos,
el alquitrán de tus labios
y la vida que asciende como el humo
que de la más cruel de las hogueras
saliera, saliera, saliera.
Sin boca en la vida que me ofreces.
Sin brisa en el mar que me arrojas.
Sin luz en el corazón de la noche
y una pasión de hielos y piedras
que cuando quieres descongelas
en aguas, en arenas, a tu manera.
sin velas en los vientos que me niegas
ni barco que navegue los océanos
donde flota el amor y las estrellas.
Quisiera que en las aguas de esta arena
no latiera mi corazón como duna
que transformas cada noche a tu manera.
Fueran movedizas con fondo en el abismo
estas, donde espero a los días
y los besos que guardas y congelas.
Que piedras en reloj convirtieras,
y ese hielo que en agua yo quisiera.
Como el grano y la gota y ese hielo
manejas mi mundo y moldeas
mi tierra tranquila en infierno
para luego decirme que piso,
que lo que piso ahora es tu cielo.
Sin luz en el amor que yo quiero,
sin días en la boca que amo,
sin dedos en la mano que escondo
por miedo al puño del adiós.
En la trastienda del amor
me enfrento a la escalera
que baja a los abismos.
Imagino lo bello del afuera
que paseas mientras me olvidas
en lo oscuro de mí mismo.
Cuando el tiempo sea calavera
y mis huesos los remos que arrojaste
a ese desierto de ojos sin oasis,
verás lo negro que cubre a tu alma,
el petróleo de tus manos,
el alquitrán de tus labios
y la vida que asciende como el humo
que de la más cruel de las hogueras
saliera, saliera, saliera.
Sin boca en la vida que me ofreces.
Sin brisa en el mar que me arrojas.
Sin luz en el corazón de la noche
y una pasión de hielos y piedras
que cuando quieres descongelas
en aguas, en arenas, a tu manera.
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