Oculta

Jose de Velez

Poeta recién llegado
Como la paz en tiempos de hecatombe, como la silenciosa libélula en los verdes pastizales te hayas hace días...
Secreta y tranquila veo que envejeces en cegueras ráfagas, tu rostro, inmune a los segundos y milenios, disimula una sonrisa en un cálido saludo desde lejos.
Apagas la luces y esperas a que abra la puerta. No siempre me despido con las manos en los bolsillos.
De un tiempo acá, abundaron los silencios de tus ejércitos y mi voz sin fuerzas no veía tu imagen desdibujada por los sombras del árbol sin hojas que descansa en la rotonda del poniente, a los pies de la banca sin tablas.
Con el vapor de mis entrañas dibujé dos sonrisas en tu cristal frontal y un "te quiero" en el lateral. Esa noche, vi como el frío derretía los cimientos de la tinta esparcida con delicadeza en tus espejos, fui testigo del llanto seco de mis palabras no mencionadas por la boca, sino por mi corazón.
Rompí, con la horizontalidad de mi pecho tus bosquejos de luz, tus atisbas inciertas perecieron. Todo se encendió bajo la perla artificial con el canto de tu tocaya de raíz.
Me bajé con la sensación de haber terminado con la oscuridad, te fuiste pensando si la luz era real, me dormí queriéndote y desperté soñándote. Espero que estas palabras mías sean solo tuyas.
 
interesante obra que compenetra con sus imágenes, saludos
Como la paz en tiempos de hecatombe, como la silenciosa libélula en los verdes pastizales te hayas hace días...
Secreta y tranquila veo que envejeces en cegueras ráfagas, tu rostro, inmune a los segundos y milenios, disimula una sonrisa en un cálido saludo desde lejos.
Apagas la luces y esperas a que abra la puerta. No siempre me despido con las manos en los bolsillos.
De un tiempo acá, abundaron los silencios de tus ejércitos y mi voz sin fuerzas no veía tu imagen desdibujada por los sombras del árbol sin hojas que descansa en la rotonda del poniente, a los pies de la banca sin tablas.
Con el vapor de mis entrañas dibujé dos sonrisas en tu cristal frontal y un "te quiero" en el lateral. Esa noche, vi como el frío derretía los cimientos de la tinta esparcida con delicadeza en tus espejos, fui testigo del llanto seco de mis palabras no mencionadas por la boca, sino por mi corazón.
Rompí, con la horizontalidad de mi pecho tus bosquejos de luz, tus atisbas inciertas perecieron. Todo se encendió bajo la perla artificial con el canto de tu tocaya de raíz.
Me bajé con la sensación de haber terminado con la oscuridad, te fuiste pensando si la luz era real, me dormí queriéndote y desperté soñándote. Espero que estas palabras mías sean solo tuyas.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba