yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
No es fácil entender porque de pronto
nos vestimos con un saco negro a mediodía
y sin más facultad que la sordera
nos complacemos en destilar envidia por las venas,
no es fácil entender:
que de pronto las ventanas se vuelvan serpentinas
y se evaporen somnolientas
en el alcohol de los estruendos.
No es fácil tragarse el noticiero,
desgarrarse los intentos de volver a ser esclavos
o soñar en la justicia
antes del plato fuerte o después de la oficina,
justo cuando empiezan a caer sobre los hombros
las ganas de lavar de nuestras manos
la sangre fratricida.
Digo que no es fácil
acuclillarse en la esquina de un cadáver
y leer en sus labios fragmentos de la biblia
o encontrar en las uñas del homicida
los granos de sal o el arca de la alianza:
¡Digo que no es fácil!
persistir en la vergüenza,
ocultar un puñal,
cagar balas,
hinchar el pecho,
salvar las distancias
y no pensar en la debacle:
¡Palestina!
nos vestimos con un saco negro a mediodía
y sin más facultad que la sordera
nos complacemos en destilar envidia por las venas,
no es fácil entender:
que de pronto las ventanas se vuelvan serpentinas
y se evaporen somnolientas
en el alcohol de los estruendos.
No es fácil tragarse el noticiero,
desgarrarse los intentos de volver a ser esclavos
o soñar en la justicia
antes del plato fuerte o después de la oficina,
justo cuando empiezan a caer sobre los hombros
las ganas de lavar de nuestras manos
la sangre fratricida.
Digo que no es fácil
acuclillarse en la esquina de un cadáver
y leer en sus labios fragmentos de la biblia
o encontrar en las uñas del homicida
los granos de sal o el arca de la alianza:
¡Digo que no es fácil!
persistir en la vergüenza,
ocultar un puñal,
cagar balas,
hinchar el pecho,
salvar las distancias
y no pensar en la debacle:
¡Palestina!