Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Desabridos vientos huecos
surcan mi cuerpo aterido,
que con interior gemido,
deshace versos resecos.
¡Ah, de vientos invernales...!
¡Cuantas veces he temido
las heladas proverbiales,
que como finos puñales
matan mi verbo perdido!
¡Ah, de papeles desiertos!
Lienzos de mis noches blancas
y duermevelas estancas.
¡Ah, solitarios disertos!
¡Venid musas y que digan
mis letras sus soledades!
¡Venid... dejad que maldigan!
Que vengan y me desdigan
los fríos y sus maldades.
¡Que me libren del destierro
esos sentidos de antaño
y salven de todo daño,
las memorias que sotierro!
Seca la tinta poeta
el olvido repentino
que poco a poco le agrieta
el fino verbo que fleta
la pluma del peregrino.
surcan mi cuerpo aterido,
que con interior gemido,
deshace versos resecos.
¡Ah, de vientos invernales...!
¡Cuantas veces he temido
las heladas proverbiales,
que como finos puñales
matan mi verbo perdido!
¡Ah, de papeles desiertos!
Lienzos de mis noches blancas
y duermevelas estancas.
¡Ah, solitarios disertos!
¡Venid musas y que digan
mis letras sus soledades!
¡Venid... dejad que maldigan!
Que vengan y me desdigan
los fríos y sus maldades.
¡Que me libren del destierro
esos sentidos de antaño
y salven de todo daño,
las memorias que sotierro!
Seca la tinta poeta
el olvido repentino
que poco a poco le agrieta
el fino verbo que fleta
la pluma del peregrino.