El hombre del piano

Luis Prieto

Moderador Global
Miembro del equipo
Moderador Global
En un local oscuro junto al mar,
entrada la noche,
me hallo sentado, a la barra del bar, observando a un hombre cano entre humo y alcohol
tocando el piano.
Pescadores postrados a la barra,
escuchan su melodía antes de hacerse a la mar.
Una mujer engalanada,
acompaña con su modulada voz
las notas de amor que se escapan de las teclas del piano,
donde el hombre cano sostiene en sus labios
el cigarrillo que se va consumiendo y
un vaso de whisky a medio vaciar le espera.Acercándome al piano,
y a través de sus gafas,
sus ojos dejan ver la imagen de una mujer,
sonriendo tal vez o producto de él,
de su memoria al recordarla. ¿Quién es? - le pregunto.
¿La ve ? - me contesta.Es la vida que un día al cruzarse en mi mirada, me enseñó el significado de la palabra amor, siendo yo jovial (me argumentaba sin dejar de tocar)y de quien me enamoré perdidamente en este local estando yo tocando el mismo piano.
Cuarenta años hemos cumplido - proseguía entre notas -
desde que en la vieja capilla del puerto,
donde los pescadores oraban antaño
antes de hacerse a la mar con sus barcazas,
un abate nos desposó,
dejando nuestros corazones por siempre unidos.
¿dónde está ahora? -le pregunto de nuevo,
la estás escuchando - replica.
Mirándome a los ojos, adivina mi pregunta.
Es muy sencillo; continuaba -Basta con mirarnos como el primer día, la primera vez,
mimarlo como si no existiera un mañana,
amamantarlo en el vivir diario,
hasta que llegue, el señalado día.

Luis Prieto Espinosa
derechos reservados 07/08/2014
 
Última edición:
Hermosas melodias susurra el piano en tus bellos versos aun a la distancia, un poema encantador, saludos cordiales poeta, un placer pasar por su bella poesia.
 
sin duda un gran poema, veo que el formato se desconfiguró pero pude leer el poema, me gusto lo del vivir diario, saludos
En un local oscuro junto al mar


entrada la noche,


me hallo sentado a la barra del bar


observando a un hombre cano entre humo y alcohol


tocando el piano.


Pescadores postrados a la barra,


escuchan su melodía antes de hacerse a la mar.


Una mujer engalanada,


acompaña con su modulada voz


las notas de amor que se escapan de las teclas del piano,


donde el hombre cano sostiene en sus labios


el cigarrillo que se va consumiendo y


un vaso de whisky a medio vaciar le espera.


Acercándome al piano,


y a través de sus gafas,


sus ojos dejan ver la imagen de una mujer,


sonriendo tal vez o producto de él,


de su memoria al recordarla.


¿Quién es? - le pregunto.


¿La ve?- me contesta.


Es la vida que un día al cruzarse en mi mirada,


me enseñó el significado de la palabra amor,


siendo yo jovial (me argumentaba sin dejar de tocar)


y de quien me enamoré perdidamente en este local


estando yo tocando el mismo piano.


Cuarenta años hemos cumplido – proseguía entre notas -


desde que en la vieja capilla del puerto,


donde los pescadores oraban antaño


antes de hacerse a la mar con sus barcazas,


un abate nos desposó,


dejando nuestros corazones por siempre unidos.


¿dónde está ahora? -le pregunto de nuevo,


la estás escuchando - replica –


Mirándome a los ojos, adivina mi pregunta…


Es muy sencillo – continuaba -


Basta con mirarnos como el primer día, la primera vez,


mimarlo como si no existiera un mañana,


amamantarlo en el vivir diario,


hasta que llegue,


el señalado día.

Luis Prieto Espinosa
derechos reservados 07/08/2014

 
En un local oscuro junto al mar


entrada la noche,


me hallo sentado a la barra del bar


observando a un hombre cano entre humo y alcohol


tocando el piano.


Pescadores postrados a la barra,


escuchan su melodía antes de hacerse a la mar.


Una mujer engalanada,


acompaña con su modulada voz


las notas de amor que se escapan de las teclas del piano,


donde el hombre cano sostiene en sus labios


el cigarrillo que se va consumiendo y


un vaso de whisky a medio vaciar le espera.


Acercándome al piano,


y a través de sus gafas,


sus ojos dejan ver la imagen de una mujer,


sonriendo tal vez o producto de él,


de su memoria al recordarla.


¿Quién es? - le pregunto.


¿La ve?- me contesta.


Es la vida que un día al cruzarse en mi mirada,


me enseñó el significado de la palabra amor,


siendo yo jovial (me argumentaba sin dejar de tocar)


y de quien me enamoré perdidamente en este local


estando yo tocando el mismo piano.


Cuarenta años hemos cumplido – proseguía entre notas -


desde que en la vieja capilla del puerto,


donde los pescadores oraban antaño


antes de hacerse a la mar con sus barcazas,


un abate nos desposó,


dejando nuestros corazones por siempre unidos.


¿dónde está ahora? -le pregunto de nuevo,


la estás escuchando - replica –


Mirándome a los ojos, adivina mi pregunta…


Es muy sencillo – continuaba -


Basta con mirarnos como el primer día, la primera vez,


mimarlo como si no existiera un mañana,


amamantarlo en el vivir diario,


hasta que llegue,


el señalado día.

Luis Prieto Espinosa
derechos reservados 07/08/2014

Aquí me topo con el mismo problema
No puedo leer. Supongo que tu lo podrás comprobar.
Me proponía hacer una visita a tu obra empezando por tus primeras entregas.
Espero pueda continuar
Un abrazo
Alfonso Espinosa
 
Buena noche me imagino cun una buena copa, un piano, y un pianista lleno de recuerdos. Me gustó como siempre Luis, si veo un poema tuyo me tiro de cabeza. Un abrazo. Paco.
Jajaja muchas gracias amigo mío. Me alegra que sean de tu agrado. Estoy en proceso de revisar unos cuantos pues a la modificación de esta pagina se desconfiguraron.
Gran abrazo amigo Paco.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba