El amanecer de tus ojos rutilantes
se posa en el temblor de mis labios.
El vuelo del mirlo ilumina los pasos
que me llevan a ti, y me sustentas
y me enjugas en la redoma de tus soles
queriéndome deslizar por la secuencia
de un amor definitivo.
Al interior me abarcan tus mimos
gobernando la sombra turquesa
que mana del plástico silencio.
Y me adobo en rojo celofán,
y te imagino, te pienso, te divido
como un trecho de nubes
que desde aquí anhelo abrazar.
EBAN
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