adolfo vilatte l.
Poeta recién llegado
Bajo el cielo hermoso de Sevilla
que se refleja en el Guadalquivir,
donde el amor es luz que maravilla,
donde el pesar se cura con reír;
Allí donde se lidia con destreza,
donde se toma en broma hasta el valor,
donde se da la vida en una proeza,
como se brinda un beso o una flor;
Donde se bebe amor y manzanillas
y se arroja el piropo envuelto en sal;
donde cada mujer, en las mejillas,
lleva la gloria roja de un rosal.
Donde el apuesto doncel de esbelto talle,
audaz en su requiebro y su pasión,
prefiere, al brillo de lujosa calle,
la reja del oscuro callejón;
Donde se tiende la capa más hermosa
para que siente una gitana el pie,
o se ofrece a una dama religiosa
el agua pura y santa de la fe;
Allí brillan más claras las estrellas,
son más tibias las noches de abril,
parecen más hermosas las doncellas,
más fragantes las flores del pensil.
Son más dulces los besos amorosos
que estallan en los labios de carmín,
más tersa la magnolia y más hermosos
los pétalos de nácar del jazmín.
Así sueña Sevilla la galante,
la reina del exótico vergel;
la que sabe reír feliz y amante,
la que pone su dicha en un clavel.
La que envuelve su gloria y su desgracia
en su profundo y lírico sentir;
la que embruja y enloquece con su gracia,
la que sabe querer hasta morir.
La que canta y suspira entre azahares,
la que mira confiada el porvenir;
la que danza y arroja sus pesares
en el murmurador Guadalquivir.
La que confunde en su alma soñadora,
los simbolos profanos con la cruz,
al par que lo gitano la enamora,
la enloquece el espíritu andaluz.
Así sueña Sevilla la florida,
así sus hijas de beldad sin par;
sus hijas, cuyos ojos dan la vida,
o la quitan, robándola al pasar.
Allá van mis cantares, ¡Sevillanas!
¡Sevillanas!, hermosas como el sol.
Las flores más fragantes y lozanas
que Dios puso en el cáliz español.
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que se refleja en el Guadalquivir,
donde el amor es luz que maravilla,
donde el pesar se cura con reír;
Allí donde se lidia con destreza,
donde se toma en broma hasta el valor,
donde se da la vida en una proeza,
como se brinda un beso o una flor;
Donde se bebe amor y manzanillas
y se arroja el piropo envuelto en sal;
donde cada mujer, en las mejillas,
lleva la gloria roja de un rosal.
Donde el apuesto doncel de esbelto talle,
audaz en su requiebro y su pasión,
prefiere, al brillo de lujosa calle,
la reja del oscuro callejón;
Donde se tiende la capa más hermosa
para que siente una gitana el pie,
o se ofrece a una dama religiosa
el agua pura y santa de la fe;
Allí brillan más claras las estrellas,
son más tibias las noches de abril,
parecen más hermosas las doncellas,
más fragantes las flores del pensil.
Son más dulces los besos amorosos
que estallan en los labios de carmín,
más tersa la magnolia y más hermosos
los pétalos de nácar del jazmín.
Así sueña Sevilla la galante,
la reina del exótico vergel;
la que sabe reír feliz y amante,
la que pone su dicha en un clavel.
La que envuelve su gloria y su desgracia
en su profundo y lírico sentir;
la que embruja y enloquece con su gracia,
la que sabe querer hasta morir.
La que canta y suspira entre azahares,
la que mira confiada el porvenir;
la que danza y arroja sus pesares
en el murmurador Guadalquivir.
La que confunde en su alma soñadora,
los simbolos profanos con la cruz,
al par que lo gitano la enamora,
la enloquece el espíritu andaluz.
Así sueña Sevilla la florida,
así sus hijas de beldad sin par;
sus hijas, cuyos ojos dan la vida,
o la quitan, robándola al pasar.
Allá van mis cantares, ¡Sevillanas!
¡Sevillanas!, hermosas como el sol.
Las flores más fragantes y lozanas
que Dios puso en el cáliz español.
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