Escapa raudo su amor
como el agua por los rápidos
de un caudaloso río,
y mientras se aleja
va desgarrándome el alma
como las piedras afiladas;
adormecidas en su lecho,
rajan corrientes turbias y frías
que jamás detienen su curso,
ni guardan bellos recuerdos.
Quise atrapar en el cuenco
de mis suaves manos
sus aguas intranquilas,
purificarlas con mis besos,
calentarlas en mi pecho
en un arrullo de amor.
¡Tonto! El agua se escapa
siempre entre los dedos
y se pierde allá lejos
en el océano inmenso.
Yo sé que regresará
de nuevo al cauce del río;
una y otra vez se irá
recorriendo el mismo sendero,
lamiendo las sucias orillas
que le harán perder su digna esencia
mezclándola con sangre,
con dolor, con hastío
y marchitando mis raíces
plantadas a su vera.
Mas yo esperaré de lejos
a que sus aguas ya no fluyan;
luego volveré sin prisa;
lloraré sobre su lecho seco;
andaré cada recodo
por donde juntos reímos,
para acuñarlos en mis recuerdos.
Entonces me iré para siempre,
sin fuerzas, sin motivos...
tras el polvo de otro camino.
como el agua por los rápidos
de un caudaloso río,
y mientras se aleja
va desgarrándome el alma
como las piedras afiladas;
adormecidas en su lecho,
rajan corrientes turbias y frías
que jamás detienen su curso,
ni guardan bellos recuerdos.
Quise atrapar en el cuenco
de mis suaves manos
sus aguas intranquilas,
purificarlas con mis besos,
calentarlas en mi pecho
en un arrullo de amor.
¡Tonto! El agua se escapa
siempre entre los dedos
y se pierde allá lejos
en el océano inmenso.
Yo sé que regresará
de nuevo al cauce del río;
una y otra vez se irá
recorriendo el mismo sendero,
lamiendo las sucias orillas
que le harán perder su digna esencia
mezclándola con sangre,
con dolor, con hastío
y marchitando mis raíces
plantadas a su vera.
Mas yo esperaré de lejos
a que sus aguas ya no fluyan;
luego volveré sin prisa;
lloraré sobre su lecho seco;
andaré cada recodo
por donde juntos reímos,
para acuñarlos en mis recuerdos.
Entonces me iré para siempre,
sin fuerzas, sin motivos...
tras el polvo de otro camino.