abcd
Poeta adicto al portal
Mi falsa diabla,
una mujer normal,
de mucha luz.
Un apocalipsis de absenta sus manos,
sin árboles,
con fuego verde
y con un hueso humano que sostiene su boca.
Un hombre es el héroe,
un hombre que come ratas,
y mata a otros hombres como yo.
Él no tiene tiempo,
y vive tumbado en las piernas de ella,
parecen dunas
y existan, o no,
son un viento frío, muy frío.
Ella es desorden
y su risa hace de este día de invierno una primavera,
Él es un viaje a ningún lugar,
pero alguien, luego, le perdonará.
Yo puedo comer mosquitos y moscas,
y aprendí a lamer el polen de las cosas perdidas.
Siempre o casi siempre escribo con el reloj apagado,
el corazón se derrite en este tibio sol,
sol que ella creo con solo pensarla un poco.
Que tonto, que cursi.
Que triste es no tener juicio por destronar,
ser un segundo de lectura,
un amanecer de células llorosas en cada masturbación.
Que triste es abrir el vino, y repetir la escena,
jugar a ser un dado y caerse de la mesa
para hablar con la rata, que algún otro él también asesinó.
Que absurdo es extrañar herir...
una mujer normal,
de mucha luz.
Un apocalipsis de absenta sus manos,
sin árboles,
con fuego verde
y con un hueso humano que sostiene su boca.
Un hombre es el héroe,
un hombre que come ratas,
y mata a otros hombres como yo.
Él no tiene tiempo,
y vive tumbado en las piernas de ella,
parecen dunas
y existan, o no,
son un viento frío, muy frío.
Ella es desorden
y su risa hace de este día de invierno una primavera,
Él es un viaje a ningún lugar,
pero alguien, luego, le perdonará.
Yo puedo comer mosquitos y moscas,
y aprendí a lamer el polen de las cosas perdidas.
Siempre o casi siempre escribo con el reloj apagado,
el corazón se derrite en este tibio sol,
sol que ella creo con solo pensarla un poco.
Que tonto, que cursi.
Que triste es no tener juicio por destronar,
ser un segundo de lectura,
un amanecer de células llorosas en cada masturbación.
Que triste es abrir el vino, y repetir la escena,
jugar a ser un dado y caerse de la mesa
para hablar con la rata, que algún otro él también asesinó.
Que absurdo es extrañar herir...
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