cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todo te lo dí...
hasta el ambar de la luna cuando bajaba
a los negros mares
bebiendo la noche con brío
y su luz de fino diamante.
Te dí todo lo que estuvo a mi alcance,
la sombra de pino suave que asomaba
sus ramas hiriendo de muerte al paisaje
y el traje negro que portaba el silencio
cuando te veía por la tarde.
Te dí todo, y aun así lo despreciaste,
te dí el columpio que bañaba mis días
de ausencia cuando jugaba en el paraje
o la estatua siempre testigo
que callaba lo que aún nadie sabe.
Te dí un tiempo de júbilo,
mis juegos, mi amor
y todo despreciaste
¡ya no tengo más que darte!
Tan solo me queda esta vida,
¿pero, para qué te sirve?
Si yo lo que quiero es amarte.
hasta el ambar de la luna cuando bajaba
a los negros mares
bebiendo la noche con brío
y su luz de fino diamante.
Te dí todo lo que estuvo a mi alcance,
la sombra de pino suave que asomaba
sus ramas hiriendo de muerte al paisaje
y el traje negro que portaba el silencio
cuando te veía por la tarde.
Te dí todo, y aun así lo despreciaste,
te dí el columpio que bañaba mis días
de ausencia cuando jugaba en el paraje
o la estatua siempre testigo
que callaba lo que aún nadie sabe.
Te dí un tiempo de júbilo,
mis juegos, mi amor
y todo despreciaste
¡ya no tengo más que darte!
Tan solo me queda esta vida,
¿pero, para qué te sirve?
Si yo lo que quiero es amarte.